#Cuéntalo: el tuit que rescató la memoria del dolor y la agresión hacia las mujeres

13 de diciembre de 2018.

Por Covadonga Díaz Sola

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El movimiento, impulsado por la periodista Cristina Fallarás, obtuvo un total de 2,7 millones de respuestas


Madrid, 12 dic. 18. AmecoPress-. El Teatro del Barrio acogió, la mañana del 13 de diciembre, la presentación #CuéntaloEnDatos, una conferencia dirigida por la periodista Cristina Fallarás por la que se proporcionaron cifras relativas al movimiento Twitter #Cuéntalo. La iniciativa, de fuerte repercusión, obtuvo una gran suma de respuestas: 2,7 millones de tuits y 160.000 narraciones originales de mujeres que sufren o sufrieron agresiones, violaciones, acosos o asesinatos a manos del machismo.

El 26 de abril de 2018, la periodista Cristina Fallarás lanzó un twitter bajo el hashtag #Cuéntalo desde su cuenta personal. Su objetivo: impulsar una marca a la que las mujeres pudieran sumarse para narrar las agresiones machistas sufridas en primera persona.

Inspirada en la codirectora del diario Público, Virginia P. Alonso, quien narró públicamente su agresión sufrida en Londres cuando era niña, la iniciativa recibió la respuesta inmediata de cientos de miles de mujeres en menos de 24 horas.

Inmediatamente pasó a convertirse en trending topic y su expansión internacional alcanzó decenas de territorios, entre ellos España (34%), Argentina (32%), México (5%), Colombia (8%) o Chile (5%).

“Tenemos un problema básico, no nos creen porque no lo hemos contado”, afirmaba la impulsora del movimiento, quien defendió que este tipo de iniciativas promueven la eliminación de la sensación de culpa y generan unos mecanismos de identificación irrefutables y constructores de un relato que elimina la creencia de que las mujeres mienten.

“Somos el colectivo más vilipendiado de toda la historia y no nos creen”, sumaba a su discurso Alonso. “Hay que dar visibilidad y exigimos que se nos reconozca como víctimas de una situación que seguimos sufriendo las mujeres hoy en día”.

Con la colaboración de Aniol Maria y Vicenç Ruiz, componentes de la Asociación de Archiveros y Gestores de los Documentos de Cataluña, se dio paso a la monotorización del fenómeno, para transformarlo en un archivero que conformara una base de datos. De esta manera, su repercusión y narraciones no quedarían en el olvido y servirían para que todas aquellas mujeres que sufren o sufrieron cualquier tipo de agresión machista pudieran contarlo y se sintieran identificadas.

Tras haber experimentado anteriormente con otros acontecimientos como los atentados en Barcelona o el referéndum 1-O, al llegar la sentencia de La Manada saltó la alerta de repercusión.

“Conseguimos casi 3 millones de tuits y nos encontramos con la imposibilidad de explotar esos datos ante la falta de herramientas necesarias para el nivel de calidad que se requiere”, explicaban Aniol y Vicenç.

Por ello, insisten en que el análisis de este fenómeno es muy necesario para dar relieve a la información que se explica, que ésta no quede en el olvido ni se vea como una moda pasajera que desaparece cuando la ola de mensajes ya no es tan novedosa.

“Cuando Cristina escribió el primer tuit, decenas de medios se hicieron eco de lo que estaba pasando e incluso algunos insertaron esos tuits en sus noticias. Una vez pasado quedaron como una información plana”, aseguraban.

Ante esta situación, vieron ante sí una información trascendental que estaba falta de análisis: desconocimiento sobre cuántos tipos de delitos se denunciaban con exactitud, desde qué ciudades, si las mujeres de otros países sufrían las mismas agresiones, qué edades participaron en el movimiento, etc.

“Podíamos deducirlo más o menos, pero no cuantificarlo ni dar una tercera dimensión a esa información”.

Por ello, se pusieron manos a la obra y, contando con la intervención de la periodista Karma Peiró, entregaron los datos obtenidos para su posterior análisis a Fernando Cucchietti, investigador del Centro Nacional de Supercomputación de Barcelona, que puso a trabajar a su equipo.

Los resultados, tras siete meses de trabajo voluntario de cada componente del equipo, desvelaron una realidad abrumadora e inédita.

Cómo se hizo

Cucchietti afirma la existencia de dos grandes problemas: el primero, que los nuevos medios digitales permiten movimientos sociales a gran escala, dejando una huella digital de grandes dimensiones y muy difícil de cuantificar; por otro lado, que la información generada es muy desestructurada.

Ante esto, el equipo recogió un total de 10.000 tuits que ayudaran a preparar un algoritmo. De este modo, el resto podría clasificarse. “Fue algo muy duro, un trabajo psicológico muy fuerte”, confesaban.

“Analizamos cuentas y a alrededor de 790.000 personas. La mayoría eran mujeres que estaban dejando sus historias, y una parte muy pequeña –un 3%- se relacionó a personas que estaban en contra del movimiento”, esclarecía.

Con 420 followers de mediana, se obtuvo una repercusión del 75% de retuits de usuarias con menos de 3000 seguidoras, mujeres anónimas que difundieron su historia, con la valentía e importancia que dicho acto arrastra.

Además, se recogieron un total de 50.000 testimonios, de los cuales 40.000 estaban narrados en primera persona. “Muchas lo contaban por primera vez en su vida”, aseguraba el equipo.

Y dentro de ese total, 11.000 eran terceras voces que contaban la historia de aquellas que ya no podían bajo el hashtgag “lo cuento porque X ya no puede”, pues muchas de ellas habían sido asesinadas.

Los datos obtenidos

De los 50.000 tuits recogidos, se dedujo que:

-  1 de cada 10 relataban asesinatos.

-  1 de cada 7 contaban violaciones, un total de 7000.

-  2 de cada 10 fueron agresiones (14.000).

-  1 de cada 6 narraban maltratos sufridos (8.000).

-  1 de cada 3 contaban situaciones de acoso (18.000).

-  1 de cada 3 se referían al miedo de las mujeres a pasear por la calle (18.000).

Junto a esto, se destapó también que más de 3.000 agresiones eran realizadas a menores de edad, y más de 100 a menores de 12 años.

El objetivo del movimiento

“Aquí se abre una puerta en la que las mujeres narran lo que ellas quieren con sus propias palabras, construyendo una memoria colectiva que hasta ahora no existía y que debe modificar nuestra visión social, política, judicial y legislativa”, esclarecía Cristina Fallarás.

Y así lo reiteraban sus compañeros y compañeras, insistiendo en que el poder de reparación es la importancia que reside en este movimiento social, pues nos encontramos ante un contexto de “socialización de archivos” que permite gestionar tanto la identidad presente como futura.

Todo esto representa la posibilidad de que, desde abajo, se genere un registro que pase a evidenciar los distintos puntos de vista y opiniones que hasta ahora no eran los tradicionales.

“El impacto social no sólo debe servir como instrumento de reparación, sino que debe tratar de poner en equilibrio la potencia computacional necesaria para gestionar estos datos con la participación de las propias víctimas, para que pasen de ser cifras a convertirse en evidencias”.

Que no se vuelva a negar la violencia y agresiones a las mujeres es el objetivo último, y así lo concluyó la propulsora de la iniciativa, Cristina Fallarás.

Foto: Archivo AmecoPress.

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