El Comercio Justo cambia la vida de las mujeres en Nicaragua

«Ser productora me cambió la vida, ahora puedo decir que soy una mujer con sus sueños realizados»

17 de octubre de 2019.

Por Carolina Domínguez González-Besada

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María Mercedes Alemán trabaja en Aldea Global, una organización que ayuda a cientos de mujeres en Nicaragua a conseguir su independencia a través del cultivo de café


Madrid, 17 ene. 19. AmecoPress.- «Mi empoderamiento como mujer creo que es la suma de la inversión en educación, el deporte y también la comunicación y libertad que teníamos en mi familia. Involucrarnos en otras actividades que no son las comunes, como por ejemplo el no ir a la iglesia y jugar al béisbol en su lugar, porque a mí de chiquita nunca me obligaron a la iglesia, también tuvo gran importancia. Yo hice la comunión porque quise, tuve libertad de pensamiento. Creo que el secreto está en invertir en educación». Así describe su modesta y feliz infancia María Mercedes Alemán, una mujer que hoy es responsable del programa de Género y Comunicación de la cooperativa de café de mujeres de Nicaragua, Aldea Global.

Gracias a esa libertad y a esos estudios ella fue libre para decidir como quería vivir. Ahora dedica su trabajo a conseguir que otras mujeres logren lo que a ella le vino dado, gracias a un padre y una madre diferentes a los demás. «Aunque ellos tenían pocos estudios creo que eran unos padres distintos, porque tenían una mente muy abierta. A mí siempre me dejaron tomar decisiones sobre lo que yo quería estudiar, nunca me impusieron lo que tenía que hacer. Estamos hablando de una familia pequeña que sus padres invirtieron en educación, que para mí es lo más importante».

La asociación Aldea Global Jinotega comenzó en 1992 como un pequeño proyecto del que formaban parte 22 productores de los cuales solo una era mujer. La motivación para comenzar esta andadura era lograr una producción orgánica amigable con el medio ambiente. Querían cambiar el curso de las cosas eliminando los agroquímicos, mejorar la salud de todas las familias que se unieran al proyecto y conseguir el desarrollo de pequeñas parcelas y fincas. «Así fue creciendo hasta que en 2009 se vio la necesidad de que fueran sostenibles y la manera de hacerlo era generando sus propios ingresos. Microcréditos, comercialización del café o apoyar a comercios locales fueron algunas de las medidas que se comenzaron a hacer. A medida que fue creciendo la organización fue mejorando también tanto en la participación de las mujeres, como en lo económico para ellas. Porque si para las mujeres en el entorno urbano ha sido difícil…el rural es mucho peor. En los pueblos están alejadas de la escuela, la educación la tienen a gran distancia, no tienen acceso a tecnología etc.».

El 40 por ciento de productoras son mujeres

A día de hoy Aldea Global tiene presencia en los departamentos de Jinotega, Matagalpa, Estelí y Madriz. Se encuentra entre los primeros quince exportadores de café en Nicaragua. «De 22 productores en el 92, hemos pasado a ser 12.000 asociadas y asociados en la actualidad. Hoy el 40 por ciento son mujeres. Ellas participan en la actividad agrícola, tienen microcréditos concedidos, han conseguido tener su propio negocio. Otras también son asociadas porque están vinculas con sus parejas para que aunque sean las parejas los asociados, también tengan derechos», explica María Mercedes.

El mayor vínculo que esta asociación nicaragüense tiene con España es que a través de Intermon y las tiendas Setem comercializan su café en esta parte del mundo, siempre bajo la certificación de Comercio Justo. Con ello avalan la calidad de su producto, su origen ecológico y que está libre de agroquímicos. «La certificación de Comercio Justo quiere decir apoyar el medio ambiente, producir un café donde no se apliquen agroquímicos, adquirir un compromiso a no contaminar las aguas residuales. Nosotros reutilizamos los desechos orgánicos, aseguramos que los niños y niñas estén en las escuelas y no trabajando en las fincas familiares, que los trabajadores tengan un salarios justo… todos estos criterios son cumplidos por todos los productores del café de Comercio Justo y en Aldea Global es obligado. Y aunque el café que cumple con esos criterios es un poco más caro que los demás, hay que valorar lo que aporta este tipo de comercio».

«Esto es mío, me pertenece, ningún hombre me va a sacar de aquí»

Esta asociación cuenta con varios proyectos y uno de los más especiales es el Programa Tierra Madre, con él se promociona la venta de café que producen las mujeres Asociadas. Con el fondo que se obtiene de la comercialización del café Tierra Madre, Aldea Global con ese dinero apoya a las pequeñas productoras del norte de Nicaragua en la legalización de sus parcelas. «De los casi 5.000 productores de café, hay 1.190 mujeres que son pequeñas productoras de café que se vende luego en España. Este café viene de manos de mujeres y se vende más tarde en las tiendas de Setem e Intermon. Del precio de Comercio Justo, ellas se ganan siete dólares más, que va a un fondo social con el que tenemos para el programa Tierra Madre», detalla María Mercedes. Con ello lo que se consigue es promover que más mujeres en Nicaragua tengan el derecho de tener su propia tierra y la independencia que ello conlleva. «Lo más emocionante es cuando les escuchas decir: "Esto es mío, me pertenece, ningún hombre me va a sacar de aquí. No me van a poner la maleta en la calle”. Gracias a este programa ya no dependen económicamente de hombre», recuerda.

Una de estas asociadas es Juana Lourdes Pineda Rosales, una mujer de más de 60 años que gracias al programa Tierra Madre es propietaria de una parcela de tierra y productora de café, esto le da una libertad y una seguridad que nunca había experimentado. «Ser productora me cambió la vida, ahora puedo decir que soy una mujer con sus sueños realizados. Sufrí mucha violencia, aprendí a leer cuando era grande y siempre me gustó generar mis ingresos. De todas los negocios que hice para poder llegar a tener todo lo que hoy tengo, el café es lo que más me ha gustado, por el cultivo del café es que puedo tener mi vejez tranquila», relata Juana Lourdes con gran ilusión.

«Una mujer antes solo aceptaba el destino pensando que solo teníamos que estar en la casa y no meternos en nada más, recibir lo que el marido nos diera de dinero y quedarnos callada si algo nos causaba inconformidad. Ahora tengo mi propia tierra, mi casa y mi café, he aprendido que tenemos el mismo valor para trabajar y ganarnos la vida fuera del que hacer del hogar, y eso es lo que estoy demostrando, que se puede ser mujer y se puede ser productora, criar a sus hijas e hijo y buscar cómo salir adelante». Así describe Lesbia Johanna Montenegro la fuerza, autoestima e independencia que ha obtenido gracias a la ayuda de Aldea Global. Lesbia es viuda y tras la muerte de su marido se quedó sin ningún tipo de ingreso, ya que dependía económicamente de él. Ahora gracias a este programa sus dos hijas y sus dos hijos el día de mañana tendrán más oportunidades gracias al negocio que su madre ha empezado.

Solo se vende el 20 por ciento del café para Comercio Justo

Aldea Global está consiguiendo que todas estas mujeres cuenten con libertad de decisión, algo que hasta ahora era un lujo de unas pocas. La venta del café de Comercio Justo contribuye al empoderamiento que tanto necesitan las mujeres en Nicaragua, consigue hacer cambios que se materializan en cada una de ellas, mujeres con nombres y apellidos para las que la vida nunca volverá a ser igual. «Estamos haciendo cambios en generaciones presentes y futuras. Aunque lo cierto es que solamente entre un 15 y un 20 por ciento del café que es certificado como Comercio Justo se puede vender. Porque no hay suficientes personas que lo compren…», detalla la responsable con una evidente pena.

Como la misma María Mercedes cuenta, en Nicaragua ahora mismo hay una involución en el feminismo al menos en las Instituciones. Las mujeres se manifiestan mucho más y el movimiento feminista está en movimiento y se tiene una actitud más crítica. Pero también es cierto que hay una de cada cuatro adolescentes embarazada, el Gobierno prohibió el aborto hace 12 años, cuando antes se permitía en casos de violación y de riesgo de vida de la madre. Los feminicidios no paran de aumentar y ser cada vez más violentos. «En un país donde somos 6,5 millones de personas, han matado a más de 50 mujeres en este último año. No hay políticas que protejan a las mujeres de la violencia de género. No existe justicia en Nicaragua para castigar estos crímenes, ni que persiga a los hombres que matan a sus mujeres».

Por motivos como los que cuenta la responsable del programa de género de Aldea Global, María Mercedes Alemán, y por todas las desigualdades de género que persisten en Nicaragua, es tan importante los proyectos que están llevando a cabo para conseguir empoderar a las mujeres. Ideas como la de Tierra Madre o la de comerciar el café con calificación de Comercio Justo, que contribuyen a que se trabaje con condiciones laborales adecuadas y cuidando el medio ambiente al mismo tiempo, son las que contribuyen a lograr una igualdad real para muchas mujeres que ven cómo cambia a mejor su día a día y su vida, dándoles una libertad que hasta ahora no habían podido experimentar.

Foto: Archivo AmecoPress.
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Pie de foto: 1) María Mercedes, responsable del programa de Género y Comunicación; 2) Juana Lourdes Pineda Rosales, propietaria beneficiada del programa Tierra Madre; 3) Lesbia Johanna Montenegro, propietaria beneficiada del programa Tierra Madre, con sus dos hijos y sus dos hijas, y su madre.
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Internacional – Mujeres del mundo – Feminismo – Voces de mujeres – Mujeres rurales. 17 oct. 19. AmecoPress.