La mirada libre de Berenice Abbott

3 de septiembre de 2019.

Por Gloria López

Madrid | Cultura | Mujeres creadoras | Exposiciones



Una exposición, ubicada en la Fundación Mapfre, recogió 184 imágenes de una de las fotógrafas de la primera mitad del siglo XX


Madrid, 03 sep 2019. AmecoPress.- Ver no es mirar. Mirar implica una dirección activa que busca significación y sentido, incluso en el aparente caos. Berenice Abbott (1898-1991) retrataba el mundo desde una mirada libre y buscadora que le llevó a transitar más allá de los límites del espacio y tiempo que le tocó vivir y queda expuestas en sus fotografías. Hemos tenido la suerte de poder recorrerlas. De los tres asuntos principales sobre los que versó su producción, retratos, Nueva York y la ciencia, la exposición, ubicada en la Fundación Mapfre, recogió 184 imágenes, casi todas copias vintages, positivadas por la propia autora. Encuadrada en el festival PHotoEspaña, en la muestra podía verse también un precioso documental, Berenice Abbott: A View of the 20th Century, sobre su vida y obra, grabado meses antes de su fallecimiento.

A lo largo del documental y de la exposición, la que se convirtió en una de las grandes fotógrafas de la primera mitad del siglo XX destila la osadía de una sensibilidad surrealista y juguetona que se rebela ante las barreras que la sociedad le impone por ser mujer y también ante las que derivan de sus miedos –a las alturas, por ejemplo- y de sus búsquedas.

La niña que nació en una familia con pocos recursos y que ya mostraba su rebeldía devorando en la biblioteca de Springfield (Ohio) las páginas de Jane Eyre, llegó a Nueva York en 1918, donde se encuentra con un grupo de artistas e intelectuales –Mina Loy, Marcel Duchamp, Djuna Barnes, etc.- que va a marcar su vida y su carrera. Entonces ella quería ser periodista, pero al no contar con el “sueldo” de quienes integraban aquel grupo, se ve forzada a aceptar los trabajos más inverosímiles. A pesar de todo, consigue reescribir el relato establecido a través de su objetivo fotográfico.

Berenice Abbott desarrolla su carrera profesional entre París y Nueva York, pero con sus fotografías capta el mundo en su globalidad y logra instantes atemporales. Buscando en el cemento y el hierro. Retando las leyes del equilibrio y la perspectiva con nuevos pero armónicos enfoques. Adentrándose en los otros, en las otras, en los objetos y paisajes, a la par que en su propia interioridad.

La galería de retratos en pequeño formato de la exposición es un repaso a las personalidades que conoció en París: James Joyce, con sombrero y bastón ("estaba casi ciego, le habían operado siete veces de los ojos"), Peggy Guggenheim, André Gide, Cocteau o un anciano Eugène Atget en 1927, el fotógrafo que documentó las calles de París y que tanto le influyó. Cuando este murió meses después, Abbott compró su archivo y se lo llevó a Estados Unidos. "Lo hizo de forma altruista, sentía que Atget no era conocido y que había que promocionar su obra", explican en el documental. Del fotógrafo francés la exposición ha incluido una quincena de maravillosas fotos que ella misma positivó.

Abbott profundizaba y se tomaba su tiempo para hacer cada foto. "Una vez me dijo un fotógrafo que había llegado a tomar unas 1.000 imágenes al día y le pregunté ‘¿Alguna era buena?", comparte socarrona en el documental. Acaso trataba las fotos siguiendo la regla que eligió para sus relaciones: algo "simple" dice en el documento audiovisual, "tratar a los demás como quiero ser tratada".

A partir de 1929 retrató edificios icónicos como el Flatiron o las obras del complejo Rockefeller Center, los muelles y puentes. Tras el crash bursátil formó parte del Proyecto Federal de Arte, ayuda estatal a creadores y creadoras (las pocas que había), que le permitió documentar para la posteridad la convivencia entre las construcciones antiguas de un Nueva York pueblerino y los nuevos mastodontes de acero y cristal. De esta ciudad retrató también escaparates y tiendas, cordelerías y ferreterías repletas de objetos.

Y tras captar la vida de la ciudad –los objetos y las calles son reflejo de la vida de los hombres y las mujeres que en ella habitan-, se dirigió a la ciencia, a seguir buscando vida. Convenció a los responsables del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) para que le dejasen plasmar sus experimentos. Ella misma se convirtió en una inventora: construyó trípodes, cámaras, objetos y hasta diseñó una trenca con 20 bolsillos para albergar objetivos.

También fue rompedora en su vida privada. Como explica en el documental, en una época en la que gran parte de las mujeres quedaban en casa para cuidar de la familia, ella no dejó nunca de dedicarse al trabajo que amaba: la fotografía. La fotografía como forma de mirar y construir: el mundo y a sí misma.

Foto: archivo AmecoPress, cedidas por Fundación Mapfre

Pies de foto: 1) Berenice Abbott, retratos de la modernidad; 2) Berenice Abbott, West Street, 1932. International Center of Photography Purchase, with funds provided by the National Endowment for the Arts and the Lois and Bruce Zenkel Purchase Fund, 1983 (388.1983) © Getty Images/Berenice Abbott


Cultura – Exposiciones – Mujeres creadoras. 03 septiembre. 19. AmecoPress