Cuba: Yamila Cera, la dueña de los árboles

16 de diciembre de 2010.

Por Dixie Edith

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La Habana, 16 dic. 10. AmecoPress/ SEMlac.- Cuando Yamilé Cera González emigró hace seis años desde una provincia ganadera, rompió con la vida urbana que llevaba en el centro de la ciudad de Las Tunas, a unos 700 kilómetros al este de la capital, para instalarse, con sus hijos y esposo, en la periferia rural de La Habana.

Sin proponérselo, ni saberlo quizás, Cera ha tenido una vida, corta aún, llena de azares y contradicciones.

Ajena desde que nació a los trajines del campo, saltó de un centro de cálculo y otras tareas de oficina en la Empresa Forestal y de Producciones Varias de Ciudad de La Habana hasta la jefatura de un vivero en Santiago de Las Vegas.

Ahora cultiva posturas de majagua y cedro, dos variedades forestales, y tamarindo, entre sistemas de riego y gallinas, y sueña con la cámara fría que instalarán pronto en su finca, como parte de un proyecto de colaboración internacional."Vamos a poder ampliar la conservación de semillas de árboles a dos años", prevé Cera en entrevista.

Lentamente, le ha tomado el gusto al trabajo forestal. "Es bonito", dice y se anima explicando las labores de recolección y tratamiento de semillas en el vivero y sus nuevos pasos hacia el cultivo de plantas ornamentales. "A medida que me preparo, esto me va gustando más", asegura.

El vivero se inserta en un proyecto para expandir las fincas forestales en Ciudad de La Habana, ejecutado por la Asociación Cubana de Técnicos Agrícolas y Forestales (ACTAF), en colaboración con Care Internacional y con fondos de la Agencia Suiza para la Cooperación Internacional (COSUDE).

Los cursos de capacitación organizados bajo esa sombrilla le han abierto a Cera las puertas a un mundo que ya no le resulta hostil, aunque todavía le parece extraño, incómodo.

"Aún no me adapto a la soledad del campo", confiesa esta mujer de 36 años, semblante y mentalidad urbanos, y madre de tres niños. "Cuando llegué, me sentía muy deprimida. Hasta las gallinas me daban miedo".

Ariel Avilés Tamayo, su esposo y antecesor como jefe de la finca, dice que lo difícil no fue sacarla de la ciudad para traerla al monte, "sino convencerla cada mañana para que se quedara.

" Al frente hoy de otra unidad municipal de la misma empresa forestal, él tampoco conocía el trabajo agrícola cuando aterrizó en La Habana. "Y menos lo forestal, pero con la ayuda de los compañeros de la empresa nos fuimos dotando de bibliografía y los conocimientos. Cuando montamos el vivero, mejoraron los salarios y las condiciones de vida", declara Avilés.

Aunque a ella le cuesta más aceptar la idea, ambos parecen bien afincados en el vivero de Santiago de las Vegas, localidad en las afueras de la capital cubana.

El factor decisivo ha sido la vivienda que ocupan desde hace unos meses. Recién construida, es confortable, con tres cuartos, cocina y sala espaciosa, donde Cera despliega papeles y datos del éxito.

Entre las especies de árboles maderables y frutales cultivadas en el vivero se encuentran la teca, la caoba, el cedro, la majagua, el algarrobo, el ocuje y el roble.

"Tienen como finalidad enriquecer la composición de los bosques que rodean a la capital", informa María del Carmen Hernández Rodríguez, especialista principal del grupo de ordenación de la Empresa Forestal y de Producciones Varias de Ciudad de La Habana.

En una línea paralela, la empresa ha comenzado a desplegar frutales: mango, mamey, guayaba, aguacate y frutas tropicales que eran tradicionales en Cuba, pero han tendido a quedar en el olvido, explica Hernández Rodríguez.

La sustitución de cultivos por frutales de explotación intensiva y de corto crecimiento, como los cítricos, llevó —entre otras causas— a que frutas tradicionales en la mesa de la población cubana hoy sean prácticamente desconocidas para muchos jóvenes.

Hernández Rodríguez menciona la naranja agria, el anón, el mamoncillo, el marañón, la chirimoya y la guanábana. "El programa prevé introducir hasta 15 por ciento de frutales en los bosques forestales", dice la especialista.

Para elevar la productividad y apoyar ese trabajo, el proyecto Fortalecimiento del Programa de Fincas Forestales Integrales en zonas urbanas y periurbanas ha entregado sistemas de riego y capacitación para las y los finqueros. También ha aportado herramientas como machetes, guatacas, rastrillos; así como ropa de trabajo.

Con estas fincas, la empresa persigue, simultáneamente, dos objetivos: sostenibilidad económica y medio ambiental, explica Hernández Rodríguez. "Desarrollamos bosques que enriquecen el patrimonio forestal de la ciudad y, a la par, apoyamos la producción de alimentos en la capital."

La empresa tiene un objetivo forestal, medio ambiental, y no maderero; o sea, está dirigida hacia el fomento de bosques, argumenta la especialista. "Hemos rescatado áreas que estaban prácticamente abandonadas, ociosas, plagadas de marabú."

Pese al perfil forestal, las fincas han conseguido un equilibrio con producciones agrícolas y ganaderas que suelen estar reñidas con los árboles. Quienes trabajan en esos espacios ahora cultivan, intercaladas o en áreas aledañas, viandas, hortalizas y crían animales domésticos, que sirven de sustento propio o que comercializan en la ciudad.

"Aunque los suelos son de baja fertilidad y los rendimientos no compiten con los de empresas ganaderas o agrícolas especializadas, con esas producciones paralelas conseguimos factibilidad económica para que los finqueros puedan vivir bien", argumenta la especialista.

Un buen indicador de progreso es el crecimiento sostenido de la producción del vivero de Cera González. Este año superó los planes: vendió más de 250.000 posturas, aproximadamente 200.000 de especies forestales y 50.000 de frutales.

"Con los frutales comenzamos en 2009. Este año incursionamos por primera vez con las plantas ornamentales y sacamos 10.000 posturas", explica la jefa de finca. "Los salarios mensuales de mis trabajadores pueden ser muy altos, en comparación con el promedio, de acuerdo con lo que produzcan. Todos los días vienen personas buscando trabajo en la finca."

De acuerdo con la coordinadora del proyecto de la Empresa Forestal y de Producciones Varias, Zucel Chaple Méndez, ya cuentan con 126 fincas y 54 de ellas tienen casas terminadas, con todas las condiciones de habitabilidad.

Un elemento fundamental en la estrategia de consolidación de estos espacios productivos es la construcción de viviendas. Según Hernández González, "permite que quien dirige la finca y su familia puedan vivir bien y desarrolle un sentimiento de propiedad".

Foto: SEMlac

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