Viernes, 18 de agosto de 2017.

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TICs y mujeres: Desigualdad en el software libre

Internacional, Comunicación y género, Nuevas tecnologías, Formación en género, Buenos Aires, Lunes 11 de enero de 2010, por Alejandra Waigandt


Buenos Aires, 11 ene. 10. AmecoPress/Artemisa.- Hay muy pocas mujeres participando en la comunidad de software libre, que en teoría es abierta e inclusiva. Las experiencias de especialistas en informática revelan que en esta comunidad, se reproduce el desbalance de género que caracteriza a los ámbitos tecnológicos y las carreras de ciencias duras. Asimismo tiene más posibilidad de ganarse un lugar la mujer sin hijos y en pareja con alguien de la comunidad. En ese contexto se están diseñando estrategias para una mayor inclusión femenina.

Una de las consignas más extendidas dentro de la comunidad de software libre es que ésta es participativa y abierta, hay una promesa de igualdad de oportunidades en cuanto al acceso, sin embargo la brecha de género es notable.

Hay pocas mujeres hackeando y distribuyendo contenidos, y reproduciendo la filosofía que caracteriza a esta comunidad. Tres mujeres comprometidas con ese ámbito relatan sus historias y reflexionan sobre la escasa participación femenina en el software libre (ver recuadro).

Margarita Manterola tiene 30 años y lleva unos 10 involucrada en la comunidad de software libre, está casada con un ingeniero informático, con quien comparte la fascinación por el software no privativo. Ella también es programadora y trabaja para Python, un lenguaje de programación de código abierto. No tiene hijos y con su marido han logrado distribuir las tareas del hogar con equidad.

No es un dato menor, ya que de esa manera ha podido conquistar el tiempo libre necesario para desarrollar Ubunto, una aplicación basada en Debian GNU Linux (un grupo de programas gratuitos diseñados para que funcionen entre sí). ’Tengo un trabajo remunerado en Python, pero también hago trabajo voluntario (para la comunidad de software libre), hay semanas en las que invierto 20 horas, hay otras en las que tengo menos tiempo libre. Hay mucho por hacer y el tiempo nunca alcanza’, reveló la joven programadora.

Sobre el software libre, Manterola ’no podía creer que existiera, me puse a leer y aprender. Recibí un sistema operativo gratis, con aplicaciones muy útiles, y sentí ganas de participar, de dar algo a cambio por lo que había recibido desinteresadamente’. Desde el inicio adhirió a las libertades que nutren a la comunidad de la que forma parte: libertad de usar el software con cualquier propósito, estudiar su funcionamiento y adaptarlo a las necesidades, distribuir copias para ayudar a otras personas, mejorar el programa y hacer públicas las mejoras para beneficiar a la comunidad.

De ese modo, la programadora del sistema operativo libre Linux empezó a reportar errores de diversos aplicaciones. Esta posibilidad diferencia el software libre de los sistemas operativos privativos, donde el usuario no puede reportar los errores que va encontrando al resto de los usuarios de una misma aplicación. Esta restricción suele estar consignada en las licencias o condiciones que se aceptan durante la instalación del software.

Los varones son mayoría en la comunidad de software libre, según confirmó Manterola, que participa en ámbitos masculinizados desde hace tiempo. No sólo en la rama informática participan más varones que mujeres, sino también en el sector de ingeniería electrónica, título con el que se ha graduado. Inclusive antes de que Internet irrumpiera en su vida, Manterola participaba en las comunidades de ‘bebeses’, donde más chicos que chicas se comunicaban a través de los módems de teléfonos. ’Me han tratado siempre de manera especial por ser la única mujer o una de las pocas participando en esos ámbitos, pero nunca sentí que fuera de una mala manera. En cambio cuando voy a una charla con mi marido, donde la gente no nos conoce, siempre le preguntan a él ‘que opinás de tal cosa’ o ‘cómo solucionarías tal otra cosa’.

Asumen que él es quien sabe y quizás la respuesta a ese problema la tengo yo’, señaló la reconocida programadora en los entornos digitales.

Sofía Martín, de 33 años, también es ingeniera electrónica y asegura que es muy difícil trabajar como técnica. Los puestos, por ejemplo para administrar redes de computadoras, son ocupados por varones; cuando las ingenieras postulan para ofertas laborales de ese tipo difícilmente resultan seleccionadas.Martín es muy eficiente armando redes, trabajó un tiempo en mantenerlas y cuando debía instalarlas, los empleadores que en este rubro suelen ser varones, no le daban crédito, y sin embargo ella podía cablear y manejar herramientas. ’Este trabajo se lo dan a los varones, en cambio programación es un camino posible, no hay discriminación’, aseguró.

La joven ingeniera cursa la carrera de Informática en la Universidad Nacional de La Plata, en cuyo Laboratorio de Informática trabaja desde 2006. Participa en un proyecto para la distribución de software Debian GNU Linux en las escuelas y bibliotecas populares. La misma ha sido adaptado a las necesidades de la región, se conoce como Lihuen y funciona en las computadoras del proyecto Un Laptop Por Niño (OLPC en sus siglas en inglés).

’El objetivo del proyecto es que los usuarios de software libre conozcan que cuentan con soporte técnico en la región, nos basamos en Debian y la idea es volvernos cada vez más accesibles. Mucha gente que empieza utilizar Linux no sabe a quién recurrir, y cuando ven que en Argentina hay soporte para esa distribución, se animan más y empiezan a entender que no necesitan pagar para recibir información’, explicó Martín, quién precisó que brindan soporte por ejemplo para instalar y poner en funcionamiento placas de video fabricadas en el país.

La iniciativa está orientada a la institución educativa, ’muchas escuelas tienen máquinas viejas y el software de Microsoft no funciona en ellas; Lihuen es un sistema operativo que funciona en ese tipo de máquinas. También enseñamos a las maestras a utilizar esta tecnología’, detalló la ingeniera platense, única mujer en este proyecto. ’Queremos que participen más mujeres, pero cuando se abren convocatorias sólo vienen varones’, confesó.

La abogada María Elena Casañas, de 70 años, adora las computadoras desde que las conoció, aunque empezó a utilizarlas años más tarde. Cuando dejó la abogacía ‘de trinchera’ para dedicarse a la mediación, en 2001, hizo un posgrado sobre derecho informático en la Facultad de Derecho de la UBA, un curso virtual que le brindó conocimientos sobre informática y teleprocesamiento. Dos años más tarde realizó un nuevo curso en el Instituto Teconológico Argentino (ITA) sobre hardware de PC y armó su propia computadora. ’A mí no me des agujas de hacer corché, a mí dame un destornillador’, afirmó Casañas, que defendió: ’Parecería que las señoras mayores deberíamos ser más proclives a tejer croché que a usar el destornillador, pero no es así, me gusta armar y desarmar cosas y cunado armé mi computadora me dio mucho placer ver que encendía hasta el último LED’.

La abogada veterana siguió haciendo cursos y en una capacitación de la UTN conoció el sistema operativo Linux. ’Estaba sitiada por ingenieros de sistemas, alumnos de las carreras de informática, encima eran muy pocas las mujeres. Se me hizo difícil asimilar los nuevos conocimientos, así que suspendí la cursada y pasé todo un verano escribiendo códigos, practicando, tratando de entender ese mundo. Reanudé el curso y lo terminé. Me sirvió par entender mejor y para aprender a preguntar’, recordó Casañas, que en esa época ingresaba a la comunidad de software libre. ’Conocí el valor social de utilizar este tipo de software, empecé a participar en todo los eventos relacionados a esa comunidad y finalmente propuse realizar seminarios en el Colegio de Abogados. Al principio estaban a cargo de especialistas, que eran todos técnicos, pero con el tiempo me hice cargo de las charlas, dentro y fuera de las institución de derecho. He participado en 31 eventos en carácter de panelista, mi especialidad es la migración de un software privativo a uno libre’.

En el entorno de las nueva tecnologías, dijo Casañas, ’no he sentido discriminación por ser mujer, sí la he sufrido en mi propia profesión, para mí ingresar las tecnologías constituyen un hobbie, estoy siempre dispuesta a aprender, no compito con los jóvenes y en este mundo me siento muy mimada’.

En la comunidad de software libre muchos varones tienen hijos y sus parejas son ajenas a esa comunidad. En cambio entre las mujeres las tendencia indica que están solteras o en pareja con alguien de la comunidad y no tienen hijos, tal como ocurre en los casos de Manterola, Martín y Casañas. Es decir que aquellas mujeres que no tienen la responsabilidad de estar a cargo una familia, pueden dedicar parte de sus horas libres a realizar trabajo voluntario y ganarse un lugar.

Pero en general las mujeres tienen menos tiempo libre que los varones debido a una distribución desigual de las tareas del hogar y de cuidado, y si no se resuelve este aspecto difícilmente tengan margen para desarrollarse en un ámbito con un alto grado de exigencia como es la comunidad de software libre.

Foto: Artemisa. A Kanterewicz. Manterola, Martín y Casañas.

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Internacional – Comunicación y género - Nuevas Tecnologías – Formación en género. 11 ene. 10. AmecoPress/Artemisa.




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