70 años de “El segundo sexo”

Los postulados de Simone de Beauvoir, de rabiosa actualidad más de medio siglo después

21 de junio de 2019.

Por Júlia Oller

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El Instituto de Derechos Humanos de la Universidad de Valencia, la Fundación Cajasol y el Instituto de Estudios de Cooperación del Mediterráneo & Atlántico organizan un ciclo dedicado a recuperar la figura de la filósofa existencialista


Madrid, 21 junio. 19. Amecopress. Simone de Beauvoir y su pensamiento están más vigentes que nunca, o eso parecía creer la mayoría del público congregado el pasado jueves 19 de junio en la Sede de la Confederación Española de Cajas de Ahorro (CECA), en pleno centro madrileño. La autora francesa fue reivindicada en las ponencias celebradas en el ciclo “Simone de Beauvoir y la sociedad contemporánea”, donde se pusieron de relieve las aportaciones más destacadas de la filósofa existencialista, nacida en 1908, y se debatió su posible –y necesaria- traslación a la actualidad.

Tras una aplaudida conferencia impartida por la filósofa Amelia Valcárcel sobre el avance de las mujeres dentro del espacio público, la periodista y escritora Pepa Roma moderó la mesa redonda “Lo personal es político: los retos del feminismo contemporáneo. El ideal de una vida plena y las servidumbres del cuerpo. Maternidad, naturaleza y deseo”. Bajo este largo encabezado lanzaron sus propuestas Cristina García Pascual, Catedrática de Filosofía del Derecho; Emilia Bea, profesora de Filosofía del Derecho; y Lina Gálvez, Catedrática de Historia Económica.

“Hoy igual que ayer, es imposible leer a Beauvoir sin sentirse interpelada”, comenzaba Cristina García Pascual, profesora de la Universidad de Valencia, que escogió mencionar que, cuando se cumplen 70 años de la publicación de “El segundo sexo” (1949), obra fundacional del feminismo y el título por el que Beauvoir es más conocida, el hombre sigue siendo sujeto y la mujer, la alteridad (en los términos utilizados por la escritora): pese a los progresos hechos, la mujer todavía existe en relación al hombre, mientras que este último lo hace por sí mismo, de forma independiente, y encarna lo neutro, lo universal; es la medida de todas las cosas.

García Pascual se centró en la maternidad y el rol de madre, que Beauvoir ya repensó en “El segundo sexo”, algo que, de acuerdo con la primera ponente, a nosotras también nos toca hacer, más si se tiene en cuenta que vivimos bajo el impacto de las nuevas técnicas reproductivas. En este sentido, Beauvoir apuntaba, en 1949, que “la función reproductora no es dirigida solamente por el azar biológico, sino que está regida por las voluntades, de manera que no existe el instinto maternal, sino una sociedad que empuja a las mujeres a asumir como propios determinados roles o a quedar atrapadas en la inmanencia, a no trascender más allá de esos roles”. La francesa se avanzó a uno de los retos que el feminismo de hoy todavía tiene por delante: desmitificó y desacralizó la maternidad mediante el ejemplo de los diarios de Sofía Tolstói, mujer de León Tolstói, que dejó por escrito sus desdichas en el matrimonio con el escritor: la maternidad no colma de felicidad a las mujeres, y los hijos no siempre encuentran dicha en los brazos de las madres.

En este marco, García Pascual lanzó un interrogante: “cabría preguntarse”, dijo, “si las nuevas técnicas reproductivas contribuyen a una maternidad libre de prejuicios o si, por el contrario, los refuerzan; si liberan a las mujeres, permitiéndolas trascender y crear sus propios proyectos, o si las devuelven a la inmanencia de la carne”. Según las catedráticas, estas técnicas pueden interpretarse como nuevas formas de opresión, de mercantilización y de degradación, o, desde la perspectiva de algunos sectores del feminismo, como medios de liberación y afirmación: las técnicas de reproducción podrían tener una fuerza emancipadora que proporcionase a las mujeres el derecho a reproducirse cuando, con quien y con los métodos que se deseen.

La segunda intervención, a cargo de Emilia Bea, también profesora de la Universidad de Valencia, giró en torno a la premisa de cómo el cuerpo de una mujer puede ser un lugar de opresión pero también de resistencia política. Bea desarrolló la idea a través del caso de Djamila Boupacha (1938), militante del Frente de Liberación Nacional de Argelia, capturada, violada y torturada en 1960 por las autoridades francesas. La carta publicada en Le Monde que reveló al mundo el calvario sufrido por la joven argelina estaba firmada por Simone de Beauvoir, que, junto con la abogada de Boupacha, Gisèle Halimi, escribió un libro en defensa de la argelina.

Replantear los cuidados

En el último asalto, Lina Gálvez, Catedrática de Historia Económica y recientemente elegida como eurodiputada por el PSOE, en cuyas listas concurría como independiente, afirmaba al inicio de su intervención que, hace ya más de medio siglo, Beauvoir constató la existencia de la brecha salarial, que vinculó a la maternidad: todavía hoy, las mujeres que son madres tienen un sueldo inferior al de las que no lo son, mientras que los hombres que son padres ganan más que los que no tienen descendencia, según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Beauvoir anticipó también, en palabras de Lina Gálvez, “la retroalimentación que existe entre la situación de la mujer en el mercado de trabajo y la especialización en los cuidados”; la francesa afirmaba que era “normal” que las mujeres estuvieran tentadas de seguir lo que la sociedad había diseñado para ellas, puesto que, los pocos puestos de trabajo reservados para ellas, relacionados con los cuidados, eran “desagradables y mal pagados”. “Es un círculo vicioso”, aseveró Gálvez, “que se establece entre la discriminación en el mercado de trabajo y la especialización en los cuidados: al estar especializadas en estos, nos incorporamos de manera desigual el mercado de trabajo, y esa desigualdad, a su vez, hace que podamos negociar menos el reparto de tiempo de trabajos en el ámbito doméstico”.

“Hoy sabemos que los sectores feminizados y los trabajos principalmente desempeñados por mujeres, estén remunerados o no, no están infravalorados, sino que lo que está infravalorado es ser mujer”, señaló Gálvez. Para explicar la magnitud del trabajo doméstico, la ahora eurodiputada explicó que si hubiera una empresa que contratara a todas personas que hacen trabajos de cuidados no remunerados en el mundo, esta tendría una cotización diez veces superior a la de Apple.

Beauvoir habló, asimismo, de las diferencias con que niños y niñas aprenden el mundo en el que habitan, que para Gálvez supone una suerte de predicción de lo que se ha llamado “profecía autocumplida”: las mujeres conocen sus posibilidades –o, más bien, la ausencia de ellas- y no se presentan para determinados puestos de trabajo o no estudian determinadas carreras (por ejemplo, en áreas científico-técnicas) porque creen que no tienen opciones; al no presentarse, su ausencia en esas áreas se perpetúa. En esta línea, la catedrática indicó que la destrucción de lo público, resultado de la “revolución neoliberal”, afecta especialmente a las mujeres, de quienes dijo que “son las sustitutas naturales de los servicios públicos; si esos servicios desaparecen, se encarecen o se deterioran, pasan a los hombros de las mujeres, limitando enormemente la posibilidad de una incorporación igualitaria al mercado de trabajo”.

Las tres intervenciones de la mesa redonda, encabezada por el mantra (“Lo personal es político”) del feminismo radical surgido en Estados Unidos a finales de la década de los 60 - que propugnaba que todo aquello hasta entonces asociado al ámbito privado era, en realidad, una cuestión enraizada en las estructuras sociales, económicas y culturales de la sociedad-, pusieron de manifiesto que el feminismo de hoy no se entiende sin las propuestas de Simone de Beauvoir plasmadas en “El segundo sexo”. Siete décadas después de su publicación, sus ideas siguen siendo revolucionarias, objeto de discusión y reveladoras para hacer frente a los problemas de hoy y de mañana a los que tiene y tendrá que hacer frente el movimiento feminista, porque, pese a los años transcurridos y que todo ha cambiado, nada ha cambiado tanto. “El futuro será feminista o no será”, sentenció Lina Gálvez al finalizar su parlamento.

Fotos archivo AmecoPress


Estado español – Feminismo – Estudios de género; 21 de junio. 19. AmecoPress