¿Quiénes y cómo cuidan en Vitoria-Gasteiz?

14 de mayo de 2019.

Por Júlia Oller

Madrid | Sociedad | Situación social de las mujeres | Mujeres inmigrantes | Empleo y género | Trabajo doméstico | Dependencia



Un estudio se adentra en la realidad de las trabajadoras del hogar y de cuidados en la capital de Álava


Madrid, 14 mayo 19. AmecoPress.- La asociación feminista Mugarik Gabe, radicada en Vitoria-Gasteiz, ha elaborado un estudio sobre la realidad de las trabajadoras del hogar y de cuidados en la ciudad vasca. La investigación, parcialmente presentada el pasado lunes en un desayuno informativo organizado por el Consorcio Zentzuz Kontsumitu (Consumo con sentido), del que Mugarik Gabe forma parte, se ha basado en entrevistas con 19 trabajadoras del hogar y/o de cuidados y en diferentes espacios de discusión y reflexión compartida con asociaciones y colectivos del sector. La presentación completa tendrá lugar el 15 de mayo a las 19 horas en el Centro Cívico El Campillo, en Vitoria.

La situación de las empleadas del hogar es dramática a nivel mundial; se trata de un sector ampliamente feminizado en el que trabajan 67 millones de personas, de las que un 83% son mujeres. De hecho, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), 1 de cada 13 mujeres con empleo trabaja como empleada del hogar o de cuidados. En España, de acuerdo con datos de 2015, eran mujeres un 89,7% del total de 614.200 trabajadores/as del sector, y 189.777 no estaban dadas de alta en la Seguridad Social. “Da igual que sea Guatemala, Vitoria, Estocolmo o el continente africano: la situación de las mujeres trabajadoras del hogar siempre está vulnerada, invisibilizada y configurada en claves de explotación”, señala Estíbaliz Gómez, de Mugarik Gabe. Frente a ese 89,7% de mujeres del total de personas empleadas del hogar, la mayoría de gerentes, es decir, la clase que acumula las ganancias, son hombres blancos.

La muestra del estudio centrado en la ciudad vasca comprende mujeres de entre 21 y 67 años, de diferentes nacionalidades y en distinta situación laboral (en búsqueda activa, trabajando en modalidad interna-externa, ex empleada del hogar). El análisis ha girado en torno a tres ejes: las condiciones laborales en las que trabajan las empleadas del hogar; las consecuencias que el trabajo doméstico y de cuidados tiene en la salud física y mental de las trabajadoras; y las percepciones y reivindicaciones de estas últimas.

Las condiciones laborales, en su contra

Las empleadas del hogar lidian con una legislación discriminatoria: no tienen derecho a paro, no se les aplica la ley de Prevención de Riesgos Laborales y no se les reconoce la antigüedad, entre otras cuestiones que hacen de la vulneración de derechos su pan de cada día. Tal y como comenta Estíbaliz Gómez, “se encuentran con casos en que, si la persona dependiente a la que están cuidando fallece, se van a la calle, sin paro, y solamente con un mes de indemnización”. Otra de las problemáticas es la de los descuentos injustos en concepto de retribuciones por especies; el trabajo doméstico está vinculado al Salario Mínimo Interprofesional (SMI) de 900€, y las familias empleadoras les pueden descontar hasta un 30% (210€) de alojamiento y manutención.

Gómez también denuncia la indefinición de funciones: “Los empeladores confunden el trabajo doméstico con el de cuidados: están cuidando a una persona mayor y, de paso, les piden que limpien los azulejos, que pasen la mopa… Si también limpia, se le tiene que pagar más, y eso no ocurre”.

La equiparación de las cotizaciones de las trabajadoras del hogar se aprobó en España en 2011 y debía entrar en vigor en 2018, pero la enmienda 6.777 a los Presupuestos Generales del Estado, propuesta por el Partido Popular, retrasará esta medida hasta, previsiblemente, 2024. Una de las reivindicaciones principales del sector de empleadas domésticas y de cuidados es la aplicación del Convenio 189 de la OIT, que supondría su entrada de pleno derecho en el Régimen General de la Seguridad Social y que España no ha ratificado. Solamente el PSOE y Podemos llevaban en sus programas electorales para los últimos comicios generales su compromiso de ratificar el convenio.

Además de la desigualdad en el terreno legislativo, el trabajo del hogar y de cuidados lleva intrínseco un componente difícil de manejar: a las empleadas se les exige una dedicación y un trabajo emocional que imposibilitan la conciliación de la vida profesional con la personal. Se les pide un “surplus” emocional y psicológico, que cuiden a la familia para la que trabaja como si fuera la propia, pero, como explica Estíbaliz Gómez, “al final es un trabajo, y hay días que no te apetece sonreír todo el rato”. Todas estas cuestiones, que resultan en una descompensación entre esfuerzo y recompensa, terminan afectando a la salud mental, y un porcentaje muy elevado de empleadas del hogar y de cuidados, sobre todo aquellas que atienden a personas con enfermedades degenerativas –de quienes, en muchas ocasiones, reciben agresiones físicas-, sufren de estrés, autoestima baja y depresión.

Urge una mirada interseccional

El trabajo doméstico es un nicho laboral preferente para mujeres en una situación de especial precariedad: de acuerdo con datos de 2016 recogidos por Emakunde (el Instituto Vasco de la Mujer), sólo en Euskadi, alrededor del 56% de población femenina extranjera es empleada del hogar (latinoamericanas en su mayoría, aunque cada vez es mayor el número de magrebíes y senegalesas). La Ley de Extranjería, que estipula que hasta los 3 años no se puede disponer de permiso de trabajo ni de residencia, es otra dificultad añadida; la irregularidad y el miedo agravan la situación de las mujeres con estatus de ilegalidad, que quedan condenadas al aislamiento social y a una posición de extrema vulnerabilidad desde la que es imposible negociar en condiciones de igualdad con las familias empleadoras o exigir el cumplimiento de sus derechos.

“A la luz de los datos que arroja la investigación”, apostilla Tita Golíndez, de la Alianza Política de Mujeres de Guatemala, “creemos que hay una coincidencia estructural de la problemática vivida por las mujeres, independientemente de dónde estemos. La situación de las trabajadoras domésticas está atravesada por factores como el racismo, el conflicto se profundiza cuando las mujeres migran”. Muchas de ellas contrajeron una deuda en el momento de migrar. En Euskal Herria, el 20% tiene dificultades para cubrir sus necesidades básicas, y el 36% no podría hacer frente a un imprevisto, y la precariedad económica se ve acrecentada por la necesidad de enviar remesas a sus países de origen (un 55% lo hace). El trabajo en el hogar está mercantilizado, pero no goza de reconocimiento económico y social; además, evidencia una profunda división entre clases. “El que tiene dinero puede pagar para que le limpien y le planchen, y el que no, no. Y el que paga no lo hace en condiciones de cumplimiento de derechos humanos”, prosigue Golíndez.

Junto con la violencia clasista y sexista, las agresiones machistas son las más frecuentes. A raíz del estudio, en Mugarik Gabe han detectado que, en Vitoria-Gasteiz, el 45% de mujeres que ha buscado trabajo doméstico por Internet o mediante anuncios colgados en farolas ha recibido llamadas de índole sexual. Para el 24% de trabajadoras, pactar en el trabajo incluía algún tipo de trabajo sexual con hombres a los que tenía que cuidar; casi un tercio declara haber recibido insultos sexistas, sexuales o racistas; y un 22% dice haber sido víctima de algún tipo de acoso sexual.

Además de cambios legislativos, equiparación y cumplimiento de derechos, inspecciones de trabajo y un reconocimiento social que llega tarde, las trabajadoras del hogar y de cuidados ponen sobre la mesa la urgencia de una reflexión colectiva sobre cómo organizar los cuidados y el trabajo doméstico en un contexto de crisis económica, institucional, energética y alimentaria. Las mujeres se han incorporado al trabajo productivo, pero los hombres no han asumido su carga de trabajo en el hogar y de cuidados, y estos recaen en mujeres racializadas, migrantes, en situación de pobreza. Golíndez, de Mujeres de Guatemala, sentencia: “Necesitamos políticas públicas de cuidado. Los cuidados deberían ser vistos como bienes comunes, colectivos, porque sustentan la vida”.

Foto: Archivo AmecoPress, proporcionada por Mugarik Gabe.

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Pie de foto: 1) Cartel de la presentación del estudio.

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Sociedad – Situación social de las mujeres – Mujeres inmigrantes – Dependencia – Empleo y género – Trabajo doméstico. 14 mayo 19. AmecoPress.