Manual de Estilo para el Tratamiento de la Violencia Machista y el Lenguaje Inclusivo en los Medios de Comunicación

UPV insta a la eficacia informativa de los medios en el tratamiento de la violencia de género

18 de diciembre de 2018.

Por Redacción AmecoPress

Madrid | Medios de Comunicación | Comunicados | Autonomías | Comunicación inclusiva | Lenguaje no sexista | Televisión y radio | Violencia de género



La guía se compone de ejemplos, propuestas y herramientas que imponen la inclusión del lenguaje de género y el tratamiento adecuado de la información sobre violencia hacia las mujeres


Madrid, 18 dic. 18. AmecoPress-. La Unión de Periodistas Valencianos – y Valencianas- publicó, hace unas semanas, el Manual de Estilo para el “Tratamiento de la Violencia Machista y el Lenguaje Inclusivo en los Medios de Comunicación”. Impulsado por las periodistas Rosa Solbes y Emilia Bolinches, el informe actúa como herramienta de trabajo para profesionales de los medios de comunicación, en cuanto a su labor en el abordaje de la violencia machista. Elaborado por periodistas, fotoperiodistas, cámaras, realizadores y realizadoras, editores y editoras, el documento tendrá en cuenta el tratamiento responsable de la información sobre la violencia de género comprometiendo todas sus secciones, ámbitos y niveles de decisión.

“La sociedad está impregnada de una cultura machista en todos los ámbitos. Se ve en los discursos, comportamientos, representaciones y prácticas sociales. Los medios de comunicación, como parte de esta cultura, reproducen y refuerzan estos significados y contribuyen a la construcción de un imaginario que potencia el patriarcado los estereotipos y los roles no igualitarios. Afortunadamente, también tienen la capacidad de fomentar una cultura y construir una realidad más justa y equitativa. Este manual pretende ser la herramienta que contribuya al cambio social”.

Así introducen sus creadoras y creadores este documento compuesto por nueve capítulos, todos ellos relacionados con algún aspecto relativo a la violencia hacia las mujeres y su tratamiento en los medios de comunicación:

-  Capítulo I: La violencia machista.

-  Capítulo II: Las mujeres.

-  Capítulo III: Los agresores.

-  Capítulo IV: El enfoque.

-  Capítulo V: El relato.

-  Capítulo VI: Las fuentes.

-  Capítulo VII: El tratamiento audiovisual.

-  Capítulo VIII: Lenguaje con perspectiva de género. Adoctrinamiento y sexismo: puntos de vista y acciones.

-  Capítulo IX: Marco legal, rigor profesional y compromiso ético.

El objetivo que persigue la guía se traduce a la proporción de conocimiento, herramientas y propuestas para facilitar que los medios ejerzan un rol activo en la lucha contra la violencia machista a través de la información rigurosa que este tipo de agresiones requiere.

A su vez, impone también el uso no sexista del lenguaje, además de contribuir al abandono de la perspectiva androcéntrica y la transformación de los discursos para lograr configurar una mirada y una realidad igualitaria y respetuosa con las mujeres.
Para ello, en cada capítulo abordan la atención específica y rigurosa necesaria para garantizar un correcto uso del lenguaje mediante propuestas, ejemplos y consejos que guíen la labor informativa de los y las profesionales del sector periodístico.

En conclusión, el tratamiento de la violencia de género en los medios de comunicación son es solo una cuestión de sensibilidad o estilo, es un compromiso recogido ampliamente en nuestra legislación que obliga a los medios a actuar con responsabilidad y de acuerdo a aquello legalmente establecido.

Capítulo I: La violencia machista

“La violencia contra las mujeres se entenderá como una violación de los derechos humanos y una forma de discriminación contra las mujeres, y designará todos los actos de violencia basados en el género que impliquen o puedan implicar para las mujeres daños y sufrimientos de naturaleza física, sexual, psicológica o económica, incluidas las amenazas de la realidad de estos hechos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto en la vida pública como en la privada”.

Introduciendo este capítulo con la definición reconocida por el Convenio de Estambul, esta parte del documento clarifica las distintas manifestaciones de violencia machista que existen, todas ellas de necesario conocimiento para un correcto uso de la información en los medios.

De este modo, el Consejo de Europa establece las siguientes formas: violencia visible e invisible; implícita y explícita; violencia física, sexual, psicológica, económica, estructural y espiritual.

Otros autores y autoras, sin embargo, hablan también de violencia política o institucional, simbólica, obstétrica, mediática, social, laboral y patrimonial.

Además, esta parte del documento explica que es también necesario el conocimiento del contexto en el que se apliquen, pues puede darse en forma de pornografía, violencia física o con representaciones de violaciones y esclavitud, pero también con estereotipos sexistas como la imagen de mujeres amas de casa o los estándares inestables de belleza, entre otros.

Por lo que respecta a la terminología usada, el informe puntúa que no se debe hacer uso de los términos de “violencia doméstica” ni “violencia familiar” cuando se trata de violencia machista, pues nos remite a “una parte antigua de que la violencia contra las mujeres es una cuestión privada y no constitutiva de delito, a la vez que si se reproduce en un contexto de familia, no tiene por qué implicar que se dirija a las mujeres”.

Bajo esta línea, hacen referencia a los mitos machistas que invitan a la creencia de por qué los hombres maltratan a las mujeres y por qué éstas “lo aguantan”.

Para desmontarlas, los medios deben señalar que la violencia machista no son hechos aislados ni puntuales, pasa en todos los países del mundo –independientemente de si nivel de desarrollo- y en todos los estratos sociales y grupos étnicos; el número de denuncias falsas es insignificante –no supera el 0,01%-; los hombres que maltratan no sufren ninguna enfermedad, se basan en una ideología machista; no existe un perfil de mujeres maltratadas; abandonar una relación de maltrato es muy difícil y complejo; nada justifica un maltrato; etc.

Por todo ello, el documento establece que es importante que la persona que elabora la información introduzca en la noticia la explicación del ciclo de violencia de Leonor Walker, por el que se explica la complejidad del proceso y supone que las mujeres dejen de culparse.

Este es: acumulación de tensión, cuando el agresor ejerce violencia verbal y provoca episodios aislados de tensión; explosión o agresión, momento en el que la ira se transforma en violencia física; calma, reconciliación o “luna de miel”, el agresor se muestra arrepentido y trata de recurara a la víctima con falsas promesas de cambio.

Por ello, “los medios de comunicación tienen el papel fundamental de reforzar el rechazo social hacia los maltratadores y el cuestionamiento de sus actitudes, la difusión de la complejidad del proceso y la liberación de la carga injusta de culpa que llevan a su espalda las mujeres”.

Capítulo II. Las mujeres

La forma en que los medios de comunicación construyen el imaginario social sobre las mujeres cuando abordan cualquier temática influye en la manera en que la sociedad las posiciona y la credibilidad que se les otorga, también en relación a la violencia machista.

El compromiso de contribuir a su erradicación incluye, por tanto, un tratamiento informativo libre de estereotipos patriarcales, por lo que es muy importante que los y las profesionales reflexionen sobre cómo muestran a las mujeres en los medios.

“No somos las mujeres de, tenemos nombre y apellido. No somos objetos sexuales ni complementos decorativos”, advierten.

A su vez, explican la necesidad de abolir todas aquellas estrategias en las que se desacredite a las mujeres para desacreditar el feminismo, una estrategia que bautizan como falacia ad hominem y muy frecuente en titulares e informaciones que tratan de desprestigiar a las mujeres, el movimiento y sus reivindicaciones.

Además, recuerdan el hecho de que las mujeres no mueren, son asesinadas, así como la importancia de destacar que las mujeres nunca son las culpables de este tipo de violencia, atendiendo a divorcios o aspectos pasados y posteriores que pretenden justificar la agresión sufrida.

En cuanto a las denuncias falsas, “su mito está directamente relacionado con el descrédito de que el machismo se le atribuye a las mujeres”, explican. En caso de informar sobre este tipo de denuncias, se tiene que contextualizar correctamente con los datos globales y nunca generar la idea de que se trata de una práctica habitual.

Capítulo III. Los agresores

Desviar y disimular la atención de la autoría, mostrarlos como víctimas de un delito que ellos mismos han cometido o excusarlos con las drogas, el alcohol, los celos, el divorcio o la depresión son algunas formas en las que aparecen representados los agresores en los medios de comunicación.

Si los y las informadoras alimentan esta creencia, se exculpa a sus agresores y se da un concepto de violencia de género relativa al impulso, cuando en realidad es un ciclo progresivo que termina, en el peor de los casos, con el asesinato.

Por ello, el documento esclarece la importancia de usar formas verbales personales que identifiquen al autor como único culpable de la agresión, así como evitar contar cualquier forma de atenuante que pueda confundir a la interpretación de que la agresión estuviera justificada.

Además, añaden que es necesario identificar las normas de la masculinidad hegemónica – como la cultura sexual masculina- en la narración de relatos que así lo requieran y evitar expresiones que enfoquen la información desde la sorpresa –“era un buen hombre”, “era un buen padre”, etc-.

Capítulo IV. El enfoque

Los y las autoras del manual proponen en este apartado una serie de consejos para conocer y difundir la complejidad y el desarrollo de prácticas informativas que contribuyan a desenmascarar, desacreditar y erradicar la cultura machista.

Algunas de ellas son: ubicar la sección política, otorgar más relevancia a la información ubicándola en el inicio de los informativos o secciones; centrarse en la dimensión política y social de la violencia, y no solo en el hecho; centrar la significación pública, social y política; evitar afirmaciones o negaciones precipitadas; evitar el sensacionalismo; otorgar datos preponderantes; evitar la identificación de las víctimas; no tratar este tipo de violencia desde la visión de crimen pasional o lacra social; mostrar las múltiples caras de la violencia de género; completar la información con un seguimiento informativo; consultar a expertos y expertas.

Con carácter general, cabe preguntarse si a la hora de tratar un tema estamos aplicándole la perspectiva de género, no solo en el tratamiento del texto y los titulares o en el uso del lenguaje, sino también en lo que afecta al planteamiento a la hora de enfocar el tema.

Con este párrafo hacen alusión al hecho de que se destaque con prioridad la información esencial, y no aquella relativa a la vida alternativa de agresores o que pueda recaer en falsas creencias.

Capítulo V. El relato

En este apartado se hace referencia al guion patriarcal que rige las informaciones, “un discurso androcéntrico que interpreta el mundo a partir de las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres para perpetuarlas. Un relato alimento de mitos, prejuicios y mentiras que han servido para sostener el sistema de creencias que ha hecho posible el machismo”.

Bajo este argumento, sostienen que es necesario un cambio en la narración de relatos de carácter sexual, aquellos que envuelven una “cultura” de violación, y otros relativos a la libertad de las mujeres o el trato hacia las mujeres víctimas sobre otros prejuicios, incentivando una doble discriminación.

Por ello, piden que se contextualice siempre la información, siempre desde un punto de vista de precisión que consiga que el relato se centre lo máximo posible sobre el contexto de la violencia de género.

Capítulo VI. Las fuentes

El número de mujeres asesinadas víctimas de la violencia de género se contabiliza oficialmente en España desde 2003, y desde 2013 se incluye en la consideración de víctimas a los y las menores que hayan sido asesinadas por sus padres.

No obstante, el baile de datos que podemos encontrarnos actualmente en los medios de comunicación y en las redes sociales se debe a que las diferentes organizaciones realizan las medidas con distintos criterios.

Por ello, desde esta guía se invita a la paridad de las fuentes y a evitar las que provengan de entornos familiares, enfocando siempre la prioridad en aquellas otorgadas por profesionales de la violencia de género.

Además, hacen especial hincapié en el hecho de que tanto las mujeres supervivientes como el movimiento feminista “tienen voz”, por lo que se debe escuchar siempre su versión.

Capítulo VII. Tratamiento audiovisual

El lenguaje audiovisual no es inocente, ya que exige un punto de vista, una presa de partida, hasta los pequeños detalles de la práctica laboral. Es escoger conscientemente que se quiere mostrar de esa persona o situación.

Esta cita de Juana Ghersa, reportera gráfica argentina, refleja el poder que tienen las imágenes sobre las informaciones narradas en los medios de comunicación, cuya influencia ejerce un potencial transmisor y constructor de la realidad de grandes dimensiones.

Ante esta gran influencia que ejerce el audiovisual, el documento propone una serie de aspectos relativos a su uso en informaciones sobre violencia machista y agresiones.

Algunas de ellos son:

-  Respetar la intimidad de las mujeres agredidas.

-  Evitar centrar las imágenes y a información en las víctimas y su entorno.

-  No utilizar imágenes positivas en caso de que el agresor sea una persona famosa.

-  No mostrar imágenes de hechos pasados o reconocimientos anteriores del agresor.

-  En casos de violencia de género se pueden usar imágenes de archivo de manifestaciones.

-  No usar imágenes que puedan dar pie a pensar que estas situaciones sólo ocurren en barrios humildes, pobres o de nacionalidad o etnia concreta.

-  Utilizar imágenes de centros para mujeres.

-  Utilizar imágenes de gráficos y estadísticas.

-  Evitar la reconstrucción de los hechos que muestren detalles escabrosos.

Además, advierten de que a la hora de aplicar la perspectiva de género, con carácter general se tendrá que tener en cuenta que no se puede mostrar a las mujeres como sujetos pasivos o victimizadas, se tiene que dar visibilidad a la diversidad y estar atentos a la hora de mostrar a jóvenes y menores, además de no mostrar a las mujeres cosificadas ni infantilizadas y ser fieles a la realidad, entre otras cosas.

Capítulo VIII. Lenguaje con perspectiva de género

“El lenguaje construye la realidad y es fruto del cambio social. Refleja un punto de vista, una determinada forma de ver el mundo y, por tanto, una ideología sobre quién tiene el poder para instalar como hegemónico su discurso”.

Por lo que a la cultura machista respecta, su uso del lenguaje genera un rol directivo que contribuye a reforzar el ideario de discriminación, invisibilización, difusión de falacias y al mantenimiento de barreras que dificultan considerablemente el camino hacia la igualdad de género.

Ante esta situación, los y las autoras del informe denuncian el androcentrismo como perspectiva impuesta en los medios y aluden a la imposición de un lenguaje no sexista que evite tales discriminaciones.

“El androcentrismo y el sexismo tienen consecuencias. Los medios de comunicación han de aceptar el reto de convertirse en agentes activos del cambio hacia una sociedad libre de machista, un objetivo que necesariamente requiere incidir en la realidad y en el lenguaje al mismo tiempo”.

Por ello, proponen evitar el masculino como fórmula universal, escribir las profesiones también en femenino o citar las fuentes y referencias bibliográficas con nombre y apellidos. “No es lo mismo decir Pérez que Amelia Pérez”.

Capítulo IX. Marco legal, rigor profesional y compromiso ético

En su último capítulo, la guía informa sobre las distintas leyes que amparan el marco legislativo y deontológico que guía a los medios de comunicación en su labor informativa relativa al tratamiento de la violencia de género.

Regulada por la Ley Orgánica de las medidas de protección Integral Contra la Violencia de género, ésta establece que los medios deben respetar en la publicidad la dignidad de las mujeres y su derecho a una imagen no estereotipada ni discriminatoria, tanto en medios públicos como privados.

Además, existen otras leyes que establecen la obligación de respetar la igualdad entre mujeres y hombres en todos sus efectos, evitando cualquier forma de discriminación.

Estas son: Ley Orgánica para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres; Ley Integral contra la Violencia sobre la Mujer en el Ámbito de la Comunidad Valenciana; Pacto Valenciano contra la Violencia de Género y Machista; Ley de Publicidad Institucional para el Interés Ciudadano y la Concepción Colectiva de las Infraestructuras Públicas; Código Deontológico de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; Comisión de Arbitraje, Quejas y Deontología del Periodismo; Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra las Mujeres; y el Pacto de Estado contra la Violencia de Género.

Foto: Archivo AmecoPress.

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