Viernes, 14 de diciembre de 2018.

Reportajes

La violencia de género como consecuencia de la desigualdad

Analizamos las principales desigualdades de poder que encontramos en el mundo laboral, familiar, sanitario, educacional, cultural y científico

Sociedad, Feminismo, Situación social de las mujeres, Las jóvenes, Infancia, Mujeres del mundo, Empleo y género, Brecha salarial, Trabajo doméstico, Salud y género, Violencia de género, Acoso sexual, Coeducación, Ciencia y tecnología, Paridad, Madrid, Martes 4 de diciembre de 2018, por Lidia López González


Madrid, 4 dic. 18. AmecoPress.- Las mujeres se encuentran en el centro de todas las violencias: en la familia, en la comunidad, en el Estado y en los conflictos armados. En todos estos ámbitos encontramos un factor común: las desigualdades.

De acuerdo con las Naciones Unidas, la violencia contra las mujeres no es el resultado de actos aleatorios e individuales de mala conducta, sino que está profundamente arraigada en las relaciones estructurales de desigualdad entre mujeres y hombres.

La cultura patriarcal se hereda y se transmite de generación en generación y utiliza la violencia de género para controlar a las mujeres y mantener la dominación masculina y subordinación femenina. Esta violencia de género es el resultado de un conjunto de desigualdades que pasamos a plantear.

Empleo

Techo de cristal. El 62,55% de los consejos de administración son dirigidos exclusivamente por hombres frente al 14,91% de los que son dirigidos exclusivamente por mujeres. Solo el 15% de las empresas cuentan con una mujer como máxima responsable.

Brecha salarial. Las mujeres cobran de media por hora un 20% menos que los hombres. Es decir, las mujeres trabajan gratis desde el día 8 de noviembre de cada año.

Desempleo. En septiembre de 2018 hubo 14.284 mujeres más paradas, frente a 6.157 hombres. Con ello, el desempleo femenino se sitúa en 1,89 millones, y el masculino, en 1,31 millones.

Además, las mujeres reciben una media de 3.044 euros al año por prestación por desempleo, un 12,7% menos que los 3.488 euros que ingresan de media los hombres. Especialistas y estudios afirman que las mujeres están más formadas pero sufren más desempleo.

Según la Encuesta de Población Activa del Instituto Nacional de Estadística, en el trimestre 3 de 2018, la tasa de paro de las mujeres se situó en el 16,22%, en comparación con la de los hombres, del 13,12%. En el último año la tasa de paro de las mujeres ha variado un -10,93%, mientras que la de los hombres lo ha hecho en -11,39%.

Tipo de jornada laboral. En España hay 2.015.199,95 mujeres trabajando a tiempo parcial frente a 698.599,98 hombres. Es decir, las mujeres ocupan el 72% de los contratos parciales en España.

Las encuestas afirman que los hombres que deciden trabajar a tiempo parcial lo hacen mayoritariamente para poder compatibilizar sus estudios, y solamente el 3% de ellos elige este sistema de contratación por motivos familiares, como tener que cuidar a la familia o a los hijos e hijas.

Sin embargo, el 20% de las mujeres con contrato parcial debe escoger este tipo de empleo por motivos familiares, compatibilizando solamente con los estudios el 4,2% de los casos.

Corresponsabilidad

En España, el 69,2% de los hombres no asume ninguna responsabilidad en las tareas domésticas y delega dichas actividades en su pareja o en una tercera persona. Además, las mujeres dedican al día 2,5 horas más de media a las tareas del hogar, y ahí se incluye el cuidado de los hijos e hijas. Por otro lado, los hombres destinan al menos una hora al día más al ocio.

Reducción de jornada. Se estima que, en las parejas que deciden reducir la jornada de uno de sus miembros, las mujeres son las que reducen su jornada en el 90% de los casos. Quizá por esto, las mujeres deciden quedarse embarazadas cada vez más tarde: 32 años el año pasado, según el último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE). El aumento no cesa desde que comenzaran a recogerse datos en 1976, cuando la media de edad para ser madre se situaba en 28.5 años.

Trabajo con hijos e hijas. La llegada de la descendencia tiene consecuencias directas muy diferentes en las carreras de unos y otras. En la mayoría de las parejas antes de tener bebés, la participación de ambos es prácticamente idéntica: 72,5% de las mujeres frente al 72,1% de los hombres. Pero con la llegada del primer hijo o hija, las mujeres pagan un “peaje” por ello: la tasa de ocupación de los hombres con hijos e hijas es del 82,8%, frente al 63,5% de las mujeres.

Un estudio a nivel europeo de la oficina comunitaria de estadística Eurostat demuestra que la tasa de hombres empleados a tiempo parcial se mantiene estable y siempre por debajo del 9% independientemente del número de hijos e hijas. Pero, por otro lado, las mujeres asumen empleos a tiempo parcial con mayor frecuencia a medida que tienen más niños o niñas a su cargo.

De esta manera, las mujeres trabajadoras con un hijo o hija están empleadas a tiempo parcial en un 31,5 % de los casos, un porcentaje que asciende al 38,3 % si tienen dos niños o niñas, y hasta el 45,7 % si tienen tres o más.

Salud

Los estudios indican que, aunque las mujeres tienen mayor esperanza de vida que los hombres en la mayoría de los países, hay una serie de factores sanitarios y sociales que se combinan para hacer que la calidad de vida de las mujeres sea inferior.

En 2017 la esperanza de vida de las mujeres era de 85,7 años, mientras que la de los hombres era de 80,4 años, de modo que las mujeres vivimos 5,3 años más que los hombres. Sin embargo, una mayor longevidad no implica una mejor calidad de vida: nuestra vida con buena salud y sin enfermedades crónicas es más corta que la de los hombres. También la percepción de la salud es peor en las mujeres que en los hombres, refiriéndose como “buena o muy buena” el 54% de ellas y el 63% de ellos, según la Asociación Mujeres para la Salud.

Además, estadísticamente, los hombres practican más deporte y duermen más horas que las mujeres, con los beneficios para la salud que ello conlleva. Esto deriva de la falta de equidad en la distribución de las tareas, del trabajo y del tiempo de ocio.

El “síndrome de la cuidadora” es muy común en mujeres que se encargan del cuidado de personas dependientes. Las condiciones en las que se realiza este trabajo son nefastas, además de no ser remunerado ni valorado. Todo ello repercute negativamente en la salud de las mujeres. Además, las enfermedades mentales como depresión o ansiedad son diagnosticadas tres veces más en mujeres que en hombres.

Educación

Dentro del ámbito escolar, muchas investigaciones han coincidido en que el profesorado reproduce el sistema jerárquico de divisiones y de clasificaciones de género en las clases, a pesar de que en sus discursos teóricos propician la igualdad entre sexos.

Tal y como afirma Dulce Rodríguez, activista contra la violencia de género desde la Asociación de Mujeres Marianne y la Plataforma Cordobesa contra la Violencia a las Mujeres, “la educación es la vacuna contra la violencia de género”.

La relación de los hijos e hijas con sus padres y madres es tremendamente importante para el desarrollo de la personalidad y de determinadas conductas. Según estudios, el 33% de las personas que vivieron violencia en su familia de origen reproduce dicho problema en la familia que establece en su vida adulta.

La educación que recibimos no determina quienes seremos, pero si influirá. Por ello, Amparo Moreno, profesora titular de la Universidad Autónoma de Madrid y Psicóloga experta en desarrollo y género, afirma que "la educación es la única herramienta que tenemos para producir cambios profundos. Si nuestros niños y niñas no se crían en ambientes igualitarios tanto en la familia como en la escuela, en un futuro no van a vivir con naturalidad la igualdad".

Vivimos en una sociedad donde la mujer ocupa un lugar en la jerarquía inferior al hombre, donde se menosprecia lo que hemos sido a lo largo de la historia y lo que somos en la actualidad, y donde no se nos ofrecen las mismas oportunidades. Cuando los niños crecen en un ambiente así, finalmente pensarán de la misma manera y considerarán a las mujeres como personas inferiores y, por lo tanto, más fáciles de maltratar.

Para evitar esto, habrá que empezar educando a los propios progenitores, aunque "es difícil llegar a todas las familias. Pero lo primero que tendrían que hacer es tomar conciencia sobre la forma de pensar que estamos inculcando a nuestros hijos e hijas, para poder después modificarla y huir de los estereotipos y preconcepciones", defiende Amparo Moreno.

“Cuando vemos en la televisión asesinatos por violencia machista, no se trata de hechos aislados, lo cierto es que el sistema patriarcal se vale de una educación machista que recibimos desde que somos pequeñas todas las personas, y que se ve reforzada a medida que vamos creciendo”, afirmó Olga Tostado, responsable del Área Feminismos, LGTBI+ y Discapacidad del Consejo de la Juventud de España, cuando iniciaron la campaña #NoTeLoContaronPero.

Además, añade que esta educación no se limita a aquella recibida en los centros educativos: “desde las aulas, las casas, los medios de comunicación y otros espacios en los que aprendemos constantemente, a las niñas nos enseñan a estar calladas e incluso a ser prudentes y sumisas, mientras que a los chicos se les premia por ser fuertes, valientes o por no mostrar demasiado sus emociones”.

En un estudio realizado en Madrid con familias con hijos y/o hijas adolescentes, el 96,7% de los padres y madres se manifestó en total desacuerdo con que “el hombre que parece agresivo es más atractivo”. Pero, a la afirmación “los hombres no deben llorar”, un 38,1% estuvo algo, bastante o muy de acuerdo.

“Desde el CJE estamos convencidas de que la educación machista estaría en la base del iceberg de la violencia de género y es ahí donde vamos a incidir, para visibilizar que los distintos niveles y formas de la violencia de género están completamente enlazadas, desde los roles machistas, los llamados “micromachismos” y los mal considerados piropos callejeros, hasta la violencia física y los propios asesinatos”, afirma Olga Tostado.

Cultura y ciencia

RAE. Actualmente, el Pleno de la Real Academia Española está formado por 39 hombres y 4 mujeres. De hecho, de las 483 personas académicas que han pasado por la RAE desde 1713, solo 11 han sido mujeres.

Después de multitud de mujeres académicas rechazadas, en 1978, casi 300 años después de su fundación, fue aceptada la presencia femenina en la Real Academia, siendo Carmen Conde la primera mujer que ejerció como Académica de número, ocupando la silla K.

Nobel. En los Premios Nobel solo 49 mujeres han sido premiadas de los 925 laureados totales, según las estadísticas realizadas por Statista con los datos de la Fundación Nobel.

Fuentes. Según un estudio de la Universidad Rey Juan Carlos, las fuentes científicas masculinas citadas por la prensa española de referencia triplican en número a las femeninas: de las 2.077 personas expertas referenciadas en los textos sobre ciencia publicados por El País y La Vanguardia en 2016, 1.589 eran hombres (76,51%) y 488 mujeres (23,49%).

Además es preocupante la escasa autoría femenina en las informaciones científicas, sobre un total de 1.912 artículos, 1.088 los firmaban hombres, frente a 416 de mujeres. Es reseñable que las personas que más expertas citan son las mujeres, el 34% de las fuentes científicas de los textos redactados por mujeres eran femeninas, mientras que los hombres citaban a investigadoras en apenas el 20% de sus redacciones.

Científicas. Según los datos del informe "Científicas en Cifras 2015" elaborado por la Unidad de Mujeres y Ciencia del Ministerio de Economía, Industria y Competitividad, el 79 % de los cargos de dirección y cátedras de las Universidades Públicas están ocupados por hombres y solo un 21 % por mujeres; una proporción que, sin embargo, no es tan acusada en los centros privados donde los varones suponen el 57 % de estos puestos frente al 43 % de mujeres.

La secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela, afirma que "es extremadamente complicado saber por qué las mujeres no están en las escalas que les corresponde. En algunos casos, es la propia mujer la que decide no seguir avanzando pero a veces lo hace lastrada por barreras sociales que se lo impiden". Es ahí donde hay que actuar para "hacer que el entorno favorezca la promoción de las mujeres en la mayor cantidad posible y a mayor velocidad".

Según UNESCO, “la desigualdad entre géneros en la enseñanza de las STEM (ciencias, tecnología, ingeniería y matemáticas) es sorprendente. En la enseñanza superior, sólo el 35% del equipo estudiantil matriculado en las carreras vinculadas con las STEM son mujeres. Hoy día, sólo el 28% de las personas investigadoras del mundo son mujeres”. De esta manera, los estereotipos de género y los prejuicios comprometen la calidad de la experiencia del aprendizaje de las alumnas y limitan sus opciones educativas.

Violencia y acoso sexual

Según la Organización Mundial de la Salud, el 35% de las mujeres de todo el mundo han sufrido violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental o violencia sexual por parte de una persona distinta a su compañero sentimental en algún momento de su vida.

En España, un total de 2.484 mujeres se vieron afectadas, del 2008 al 2015, por acoso sexual laboral en España, lo que supone casi una diaria, según datos de la Inspección de Trabajo, difundidos por la UGT. Sólo el 2% de esas denuncias acabó en condena.

Según un estudio publicado en 2014 por la Agencia de la Unión Europea de Derechos Fundamentales, una de cada tres mujeres con edades comprendidas entre los 18 y los 29 años sufrió acoso sexual laboral; y una de cada cuatro mujeres de entre 30 y 39 años lo sufrió también. Además se advierte de que este tipo de acoso "es más frecuente en las mujeres con titulación universitaria y en grupos profesionales de alta cualificación profesional".

Fotos: Archivo AmecoPress.

Pies de foto: 1) Resumen de las principales desigualdades del mundo laboral; 2) Gráfica de INE y Epdata sobre la tasa de desempleo; 3) Gráfica de INE y Epdata sobre el trabajo a tiempo parcial; 4) Biñeta que muestra las diferencias entre la carga de trabajo de los hombres y de las mujeres; 5) Pirámide de la violencia de género de la campaña #NoTeLoContaronPero; 6) Número de mujeres premiadas en los Premios Nobel por categorías;

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