Martes, 16 de octubre de 2018.

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Según un estudio de la capital cubana, cuyos resultados publica la revista Novedades en Población

Cuba: Violencia machista, también en la vejez

“El abuso hacia ese grupo etario no es detectado y mucho menos denunciado, por lo que pudiera creerse, erróneamente, que no se produce”

Internacional, Estudios de genero, Tercera edad, Violencia de género, Maltratos, La Habana, Cuba., Martes 18 de septiembre de 2018, por Sara Más


La Habana, 18 sep. 18. AmecoPress/SEMlac.- La violencia de género en las parejas persiste en edades avanzadas de la vida, confirma un estudio local en la capital cubana, cuyos resultados publica la revista Novedades en Población, del Centro de Estudios Demográficos (Cedem), de la Universidad de La Habana.

"La violencia de pareja sufrida por las adultas mayores es reflejo de la violencia doméstica experimentada por ellas a lo largo de su vida conyugal", suscribe Marbelis Orbea López, autora del estudio, master en Trabajo Social y profesora asistente del Cedem.

Si bien reconoce el maltrato intrafamiliar por motivos de género como una de las manifestaciones de violencia más difundidas, la investigadora señala que hay un colectivo que apenas se visibiliza: el de la tercera edad.

"El conocimiento del maltrato hacia los adultos mayores o entre ellos, aunque va cobrando interés, es prácticamente nulo", señala Orbea López en su artículo "¿Hasta que la muerte nos separe? La violencia de pareja en la tercera edad", publicado en el número 14 (enero-junio de 2018) de la Novedades en Población.

La investigadora alega que, en la mayoría de las ocasiones, el abuso hacia ese grupo etario no es detectado y mucho menos denunciado, por lo que pudiera creerse, erróneamente, que no se produce.

El estudio cualitativo de Orbea López se basó en una muestra de 60 mujeres entre 60 y 75 años de edad, en el municipio capitalino Plaza de la Revolución, el más envejecido de Cuba, con 27,5 por ciento de la población de 60 y más años de edad, de acuerdo con datos oficiales.

Del total de mujeres entrevistadas, 81 por ciento declaró recibir afecto y cariño de su pareja y no percibió violencia de su parte.

Sin embargo, 56 por ciento expuso que su pareja dejaba de hablarle cuando se enojaba; 38 por ciento, que no respetaba su dinero o bienes; 19 por ciento admitió haber recibido empujones y golpes; 69 por ciento, gritos o insultos y 13 por ciento, heridas y encierros.

De las respuestas de muchas de las adultas entrevistadas se infiere, además, una historia de violencia por parte de sus parejas en etapas anteriores.

El 50 por ciento refirió haber recibido burlas; 81 por ciento, insultos públicos o privados y amenazas de golpes y abandono; mientras a 56 por le prohibían estar con sus amistades. A todas las entrevistadas les gritaban, a 88 por ciento les echaban la culpa de los problemas familiares y a 38 por ciento las obligaban a tener relaciones sexuales en momentos inoportunos o indeseados.

En etapas anteriores estas mujeres también fueron acusadas de infidelidades (44 %) y por ese motivo sus parejas pasaban tiempo sin hablarles; a 19 por ciento de ellas las criticaban por su cuerpo.

En cuanto a la vida sexual, 31 por ciento recibió críticas o burlas de su pareja por su manera de tener relaciones sexuales y 19 por ciento refirió que fueron obligadas a tener relaciones sexualidad después de haberlas insultado o golpeado.

El estudio consigna que la totalidad de la muestra fue víctima de violencia por su pareja en algún momento de su ida y que, entre las formas más referidas, estuvo el maltrato psicológico, esencialmente el de palabra.

"El otro aspecto significativo es que las mujeres encuestadas vivenciaron más de un tipo de violencia en sus relaciones", comenta la investigadora.

El estudio confirmó, igualmente, que la existencia de violencia en estas parejas no está determinada por el color de la piel, la edad o la ocupación, sino por la desigualdad latente que la sociedad asigna a uno u otro sexo.

La mayoría de las adultas estudiadas declaró sentirse satisfecha con su edad (56 %), con buen estado de ánimo (63 %) y optimista por su futuro (63 %).

Pese a la violencia presente en sus historias de vida, 63 por ciento valora de buena su vida matrimonial, mientras apenas un grupo muy pequeño la tilda de regular y de mala, con tres por ciento, respectivamente.

"Este resultado es un claro ejemplo de la naturalización que tienen las manifestaciones violentas en el modo de vida de la mayoría de las mujeres de la muestra", apunta Orbea López.

Resultados muy semejantes obtuvo la investigadora cuando profundizó ahondó en varios aspectos, mediante una entrevista en profundidad, con cinco mujeres entre 60 y 64 años.

De ellas, las cuatro que conservaban su matrimonio de toda la vida reconocieron haber sido agredidas físicamente en etapas anteriores y todas plantearon que en la actualidad son constantemente agredidas verbalmente, tanto en público como en privado.

Entre los actores que determinan su permanencia en este tipo de parejas, pese a la violencia que viven, la autora del estudio destaca la presencia en la subjetividad femenina de patrones culturales heredados, asociados principalmente a la representación de la mujer como dependiente afectiva y económicamente del hombre.

También la condición atribuida a ellas de sostén y eje familiar, responsable de mantener la unión del hogar y de garantizarles un padre a sus hijos.

Igualmente, señala que influye el temor infundido por los agresores mediante amenazas, la reducida red de apoyo social con la que ellas cuentan, incluido el poco respaldo por parte de su propia familia.

"Muchas veces la mujer ni siquiera se atreve a realizar la denuncia por el temor a las represalias que pueda tomar el cónyuge hacia ella; o puede que, según los estereotipos imperantes, lo tome como algo natural, que es parte del derecho del hombre como esposo", sostiene la autora en su artículo.

Asimismo valora que el acceso científico a este tema y su debate social, todavía incipientes, contribuyen a poner en tela de juicio los valores de la familia tradicional que sitúan al hombre en el centro del poder familiar y justifican la victimización de quienes carecen de ese poder.

También ayuda a cuestionar el supuesto de que la familia es un espacio íntimo, privado, que no tolera la intromisión de extraños.

En su artículo, Orbea López subraya que es imprescindible dejar de concebir el tema de la violencia en la familia como un asunto privado, para reconocerlo como problema social que impacta en las personas, los grupos y la sociedad en su conjunto.

Foto: Archivo AmecoPress.

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Internacional – Tercera Edad – Violencia de género – Estudios de género. 18 sep. 18. AmecoPress.




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