Viernes, 25 de mayo de 2018.

Entrevistas
Entrevista a Gloria Poyatos, presidenta de la Asociación de Mujeres Juezas de España

“Si no cuestionas los estereotipos de género puedes convertir las sentencias en armas de discriminación institucional”

Estado Español, Voces de mujeres, Feminismo, Legislación y género, Conciliación, Madrid, Jueves 17 de mayo de 2018, por Gloria López


Madrid, 17 may. 18. AmecoPress.- El XIV Congreso bienal de la International Association of Women Judges (IAWJ) tuvo lugar en Buenos Aires entre el 2 al 6 de mayo de 2018, con juzgadoras de más de 78 países del mundo, con el título "Construyendo puentes entre las Juezas del Mundo". En ese ámbito, la feminista Gloria Poyatos, jueza española y presidenta de la Asociación de Mujeres Juezas de España (AMJE) fue elegida democráticamente para dirigir, junto con otra magistrada de Túnez, una de las cinco regiones del mundo en las que se divide la internacional: Europa, Norte de África y Oriente Medio. “Espero estar a la altura”, dice Gloria con vértigo cuando se le felicita.

Magistrada del Tribunal Superior de Justicia de Canarias, desde su experiencia diaria en la Sala de lo Social, defiende y hace pedagogía sobre la importancia de “impartir justicia con perspectiva de género”. Su compromiso con la Igualdad, le supuso también el reconocimiento de Women´s Link Worldwide con el Mallkete de Oro 2017 por ser Magistrada ponente, junto a sus compañeros Magistrados de la Sala de lo Social del TSJA, de “la mejor sentencia del mundo con perspectiva de género”, con el impacto más positivo para las mujeres y las niñas en la protección de sus derechos.

Gloria Poyatos se expresa con dinamismo, claridad y valentía. Y convence. Evidencia los estereotipos en las sentencias y argumenta los beneficios de dar valor a la “ética de los cuidados humanizados” y a cualidades de las mujeres, cuya socialización las capacita para buscar soluciones no violentas a los conflictos. Con todo, apunta a transformar el sistema, para lo que “hemos de contar con los hombres”, en un proceso en el que la educación es la “vacuna para combatir el machismo”, una enfermedad de transmisión social, y para lograr un reproche colectivo hacia las múltiples discriminaciones que sufren las mujeres por el hecho de ser mujeres.

El movimiento feminista cada vez denuncia más que la Justicia es patriarcal. ¿Qué significa aplicar perspectiva de género al mundo de la Justicia?

Es algo tan simple como cumplir el artículo 9 de la Constitución, que es un mandato que nos obliga a remover los obstáculos para lograr la igualdad efectiva. Eso, unido al artículo 4 de la Ley de Igualdad, que establece el principio transversal de la igualdad en toda la aplicación e interpretación del ordenamiento jurídico. Eso es juzgar con perspectiva de género. Se refiere a franquear los estereotipos y prejuicios que también encarnan la justicia y que te pueden llevar a perpetuar las asimetrías sistémicas entre hombres y mujeres. Por ejemplo, el rol de cuidadora, asignado a las mujeres; el estereotipo de consentimiento sexual implícito de las mujeres aplicado erróneamente en delitos sexuales; el de la disciplina marital…. Son estereotipos que antes estaban incluidos en nuestras leyes, se sacaron de las leyes, pero el problema de la estereotipia es que es de transmisión social y su aprendizaje se realiza a través del aprendizaje observacional, son inmunes a las leyes. Como el machismo se transmite como una enfermedad social, franquearlo significa aplicar una técnica específica a la hora de impartir justicia.

Los prejuicios son ilusiones cognitivas irracionales, percibidas como verdades absolutas, que siguen patrones sociales preestablecidos y determinan como debemos ser, en vez de reconocer quienes somos. Estereotipamos para definir la diferencia que facilite nuestra comprensión de un modelo más simple y para hacer un "guión de identidades" más manejable, pero estos mitos son pilares de las discriminaciones y cuando penetran en el sistema judicial lo distorsionan, perpetuando las asimetrías sociales entre hombres y mujeres.

"Los prejuicios son ilusiones cognitivas irracionales, percibidas como verdades absolutas"

Es decir, a la hora de impartir justicia en un caso concreto, no partimos de una situación de igualdad.

Efectivamente. Y tienes que tenerlo en cuenta a la hora de impartir justicia, porque si tú no haces esa corrección, tú trasladas esas asimetrías a las resoluciones judiciales y puedes convertir las sentencias en armas de discriminación institucional o, en el peor de los casos, impedir el acceso de las mujeres a la justicia. Juzgar es algo tan simple como detectar, corregir y compensar: eso es juzgar con perspectiva de género. Cuando detecte la simetría, tengo que corregirla y luego compensarla.
Ilústrenos con algunos ejemplos, por favor.

Ejemplos de sentencias estereotípicas hay muchísimos, desde la tradicional y más mediática sentencia de la minifalda del año 1990, que fue ratificada por el Tribunal Supremo -venía de una audiencia Provincial de Lérida- y tenía que ver con un caso que se produjo en el seno de una relación laboral; un empresario tocó a la empleada de 17 años por encima de la ropa los pechos y los glúteos, -eso quedó demostrado- y le propuso que su contrato temporal pasaría ser indefinido si mantenía relaciones sexuales con él; esta chica puso una denuncia penal y la ganó, en aquel momento eran abusos deshonestos, un delito que ya no existe, y en esa misma sentencia se recoge otro juicio moral, en el que literalmente se dice que si acaso la joven trabajadora pudo provocar al señor empresario por su vestimenta -quedó probado que el día de los hechos la trabajadora llevaba una minifalda-. Eso es un estereotipo en la sentencia porque se está exigiendo a la mujer por ser mujer una carga que quita culpabilidad al delincuente, que viene a justificar su acción.

Otro ejemplo. Una sentencia del 2012 de la sala militar del Tribunal Supremo, en un supuesto en el que un agresor propinó una paliza a su mujer en un caso de violencia de género. Se le impuso un reproche penal, pero también militarmente hay una normativa que establece una sanción por esos hechos; se le sancionó y este señor llevó el caso al Supremo, que disminuyó la sanción; yo no voy a entrar en el acierto o desacierto de la decisión del Supremo, pero soy muy crítica con la argumentación jurídica que llevó a la Sala a tal convicción: le reducen la sanción por sus condecoraciones militares y por haber participado en misiones de paz en Afganistán, donde -dice la sentencia- es habitual el uso de la fuerza.

¿Cuáles son los estereotipos de género en los que se sustenta esa justicia patriarcal?

Pues por ejemplo el del rol de víctima ideal o víctima racional, es decir, en delitos sexuales se espera un comportamiento determinado de la víctima y si no encaja en ese comportamiento, no se la cree. Históricamente nuestra jurisprudencia hasta 1990 exigía una actuación contumaz, clara y de resistencia para creer que la víctima no daba el consentimiento en delitos sexuales y esto se ha traducido. Otros estereotipos son el consentimiento sexual implícito de las mujeres, la vestimenta, el rol de madre…

En el caso de las mujeres que denuncian violencia de género, ¿cuáles sonlasas resistencias que más les están afectando en el acceso a la justicia?

Hay un estereotipo que es la creencia de que las mujeres son seres poco confiables, personas mentirosas. Hasta 1958 formaba parte de la ley. Ese año hubo una reforma del Código Civil impulsada por una mujer, Mercedes Formica, y entre otras reformas importantes como es el “depósito de la mujer casada”, una figura de deleznable, lo que vino modificar era los casos en los que a las mujeres no se les permitía ser testigos en testamento porque no se las creía, lo tenían prohibido. Pero el estereotipo sigue operando.

La clave está en la educación y en la formación especializada

Con respecto a los estereotipos, usted cita una frase de Albert Einstein “Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. ¿Qué se puede hacer para desintegrar los prejuicios?

Formación. El machismo, que no es más que la manera popular de hablar de la estereotipia de género, es una enfermedad de transmisión social y su vacuna es la educación. Por un lado, a los menores, que son seres permeables a valores, y cuando hablamos de personas mayores, mediante la formación especializada.

Los jueces y juezas nacemos, nos educamos y opositamos en la misma sociedad prejuiciosa que el resto de las profesiones, pero con mayor responsabilidad porque nuestras resoluciones tienen un gran impacto en la vida de las personas.
No somos inmunes a la estereotipia y por ello no debe extrañar que los prejuicios penetren transversalmente en nuestras resoluciones dando lugar a decisiones basadas en creencias preconcebidas sobre el comportamiento "apropiado" de la mujer en cada contexto. Franquear desde la justicia estos mitos no es fácil, exige formación y capacitación para juzgar con perspectiva de género, como metodología de impartición de justicia conforme al principio pro persona.

Es por eso que desde nuestra asociación reivindicamos como algo obligatorio, permanente, transversal y sistemático que haya una formación especializada en género, no sólo en violencia de género, sino en todas las jurisdicciones. Por ejemplo el ámbito del trabajo es un nido de estereotipos, por el hecho de cuidar la mujer es discriminada.

Ahora mismo en la universidad no está incluida la formación con perspectiva de género para la carrera de la abogacía.

Lo que es vergonzoso es que en el temario de la oposición a juez no se estudie la resolución de la CEDAW, que da un toque al Estado Español, a propósito del caso de Ángela González. (El caso de Ángela González es el de una víctima de violencia de género que había presentado 51 denuncias ante juzgados y comisarías frente a su exmarido, por gravísimas amenazas, agresiones e intento de rapto e igualmente para evitar las visitas sin vigilancia de la hija común del matrimonio. Pero sus denuncias no fueron atendidas y su hija Andrea, con tan solo 7 años fue asesinada por su padre de un disparo)

Es una falta de respeto a la propia recomendación que decía forme usted a sus impartidores de justicia y personal de justicia de género, que conozcan la CEDAW y que conozcan la recomendación 33.

¿Una de las dificultades para avanzar en igualdad es que ellos deben dejar de reforzar estereotipos y renunciar a privilegios?

Todos tenemos nuestros estereotipos. Te voy a ser muy franca. El patriarcado ahoga a las mujeres pero aprieta a los hombres y los oprime. Por cada mujer cosificada, hay un hombre que tiene en todo momento que demostrar potencia sexual; por cada mujer que es inteligente pero que tiene que aparentar ser tonta, hay un hombre que tiene que estar continuamente demostrando que lo sabe todo. A veces lo llamamos privilegios pero también son estereotipos, obviamente al lado de los nuestros son privilegios pero también son una carga para ellos. Creo que tenemos que lograr una visión global y abordar la lucha contra el patriarcado sabiendo que los enemigos no son los hombres sino el sistema que oprime también a los hombres.

Todos los colectivos discriminados -y efectivamente las mujeres no sólo somos un colectivo somos diversas y somos la mitad de la población, es un modo de simplificar-, todos los colectivos discriminados no han podido avanzar sin la ayuda del colectivo que les discrimina.

El Cuidado como Complemento a la Justicia

Usted y la asociación que preside defienden los cuidados como complemento a la justicia. ¿Qué quiere decir esto?

Vimos en un mundo construido sobre un mercado de trabajo, diseñado en masculino, que ha despreciado históricamente el tiempo dedicado a los cuidados, a los que niega valor social, económico y curricular, a pesar de ser un trabajo imprescindible para la economía, la sociedad y para la vida misma. Pero la práctica de cuidar no solo es imprescindible para el sostenimiento de la vida cotidiana sino también por los valores y capacidades que fomenta en quienes la desenvuelven porque lleva consigo el desarrollo de habilidades como el respeto, la comprensión, la tolerancia, la empatía, la paciencia, el compromiso o la responsabilidad que son una aportación altamente útil para el desarrollo humano y la gestión pacífica de los conflictos.

Con ello, te estoy dando la justificación objetiva de por qué es necesario valorar los cuidados en la formación y en los currículos. Vamos a dejar al margen el tema de la igualdad, que obviamente esta es una medida igualitaria y corresponsable porque lo que hace es incentivar la corresponsabilidad, hacer atractivos los cuidados e implicar a los hombres a que también cuiden porque no van a perder oportunidades, que es lo que nos pasa a nosotras en el mercado laboral cuando cuidamos. Vamos a dejar esta parte. Y nos vamos a concentrar en algo que se llama inteligencia emocional, es decir, eso que no te enseñan ahora en las universidades y que yo propugno que se enseñe para dar la oportunidad, a aquellas personas que no tienen personas a las que cuidar, puedan adquirir los valores que te enseña la práctica de cuidar, desde la Universidad. Nosotras defendemos que el valor curricular vaya por aquí. Hay una evidencia y es que la práctica de cuidar aporta unas habilidades que no sólo son importantes y que ayudan a madurar como ser humano, sino que las habilidades que te aporta te hacen más habilidoso para solventar o resolver sin violencia los conflictos.

Hay otro elemento objetivo que también lo justifica y es que sólo un 5% de la población reclusa en Europa son mujeres. ¿Alguien se ha preguntado por qué las mujeres solucionamos los conflictos de forma pacífica? Bien, pues las mujeres no nacemos con el don de la gestión pacífica y la no violencia, no es natural, forma parte de la socialización que tenemos las mujeres frente a los hombres que están socializados para la autoridad y el mando.

Entonces, resumiendo, los cuidados son un complemento a la justicia porque es una herramienta de prevención de las diferencias sociales intrafamiliares y también las bélicas, porque la violencia no es más que el miedo a la diversidad y en el momento que tú aprendes y eres más sabio y habilidoso para entender a una persona diversa, como un menor, un discapacitado, una persona mayor, tu capacidad de comprensión y de solución aumenta.

Es una propuesta revolucionaria que implica cambiar el sistema ¿no?

Claro, esa es la aspiración. Yo siempre digo que todavía las mujeres no hemos salido del armario, cuando salgamos del armario y pongamos encima de la mesa nuestros valores, sin estar transformados por imitación a los hombres, seremos el complemento perfecto y lograremos dar lugar a una sociedad mucho más diversa, más completa y más rica. Creo que hemos de pasar de la ética de los cuidados feminizados a la ética de los cuidados humanizados e invertir en la infraestructura de los cuidados para caminar hacia una sociedad no sólo más igualitaria, sino sobre todo una sociedad más pacífica. Hay que promover un cambio real de paradigmas sociales donde la práctica de cuidar se convierta en el centro de las políticas sociales, haciéndose extensible a la otra mitad de la población, para hacer real la corresponsabilidad y la igualdad.

Mujeres y juezas

¿Por qué se dedicó al derecho?

Era algo que me llamaba desde bien pequeña, en casa recuerdo que cuestionaba siempre las órdenes de mis padres y mi madre me llamaba “leyista” desde bien pequeña y siempre me ha gustado mucho la dialéctica, escribir, argumentar, discutir….

Es una de las fundadoras de la organización Asociación de Mujeres Juezas. ¿Era necesario redundar, mujeres y juezas?, ¿Qué busca y cómo trabaja la asociación?

Queríamos reivindicar el término de juezas que es nuestra profesión y también el término de mujeres que ante todo somos y además, redundar en los dos términos para que llamase la atención, como una reivindicación frente a la invisibilización que hemos padecido siempre con la utilización del masculino. Ya sabíamos que habría un sector que nos criticaría pero con el tiempo todo el mundo se ha acostumbrado. También pasa con las siglas, AMJE.

Tenemos distintas comisiones especializadas en distintos ámbitos, desde violencia de género, educar en justicia igualitaria, una comisión de autocuidados porque entendemos que no podemos ayudar si no nos ayudamos a nosotras mismas. Nos estamos extendiendo, estamos en la Comunidad Valenciana, en Oviedo, pronto en Galicia, y en Tenerife y Madrid. Tenemos unos 3000 jóvenes adscritos al programa de “Educar en Justicia Igualitaria” en España. Tenemos un programa de radio en Canarias donde una vez al mes hacemos un análisis con perspectiva de género de sentencias esteriotípicas para mostrar de forma práctica y clara desde la justicia, a los propios compañeros y compañeras pero también a la ciudadanía, porque usamos un lenguaje claro, qué es eso de la estereotipia y por qué tenemos que franquear y luchar contra ella.

Le da mucha importancia a una labor pedagógica.

Es fundamental. Porque es muy difícil verlo, darse cuenta. La igualdad está en la ley, hoy las discriminaciones no son directas, no despiden a una mujer por estar embarazada, lo que hacen es que cuando estás embarazada reducen el plus que depende de tu productividad y eso es una discriminación indirecta que está soportando una mujer por esa asunción del rol de cuidadora; he dicho maternidad pero puede ser una reducción de jornada o cualquier complemento. Las brechas de género ahora se establecen a través de complementos por puestos de trabajo y resulta que aquellos feminizados tienen un complemento notablemente e interior.

Ha hecho el prólogo de ‘Todas’. Es un libro maravilloso, una crónica de la violencia de las mujeres a través del aporte de cuatro extraordinarias periodistas que profundizan en distintos tipos de violencia: Trata, Feminicidio, Violencia machista y Explotación laboral. ¿Cuáles son los nexos de los distintos tipos de violencia?

Ser mujer. En todos los casos son historias reales protagonizadas por mujeres y sería prácticamente imposible contar las mismas historias personalizadas en hombres. Me llamó muchísimo la atención, porque además lo desconocía, lo de la explotación doméstica en Vietnam y la utilización de suicidio como forma de liberación. Da igual el origen étnico, da igual la edad, el nivel cultural, incluso el nivel económico de la mujer, son maltratadas de distintas maneras. Por el hecho de ser mujeres.

En el prólogo, dice “La historia de las mujeres es la historia de una discriminación cronificada”. ¿Cómo rebelarse?

En Estados Unidos ha logrado ser presidente un negro pero no lo ha logrado una mujer y la lucha de los negros es posterior a la de las mujeres. El camino es saber a qué nos enfrentamos, reconocer los estereotipos y saber franquearlos y combatirlos adecuadamente, sobre todo con campañas de sensibilización potentes y educación social y por supuesto, de educación en las escuelas. Hay campañas como la del tabaco, o la de los accidentes de tráfico, que han tenido una repercusión muy importante. Hay que lograr una actuación colectiva, que haya un reproche social hacia el machismo, que cada ser humano sea guardián ante cualquier caso de discriminación. Y un enfoque preventivo porque nosotras en los juzgados lo que hacemos es la gestión de un fracaso social, pero hay que ir a la raíz, tenemos que evitar que eso llegue hasta allí, a los juzgados. Y lo que queda en el imaginario no es lo que decimos sino lo que se hace.

¿Está de acuerdo con la ampliación del concepto de violencia género recogido en el Pacto de Estado?

Por supuesto. Eso es cumplir el convenio de Estambul, que ha sido ratificado y que es una obligación española.

Foto: Archivo AmecoPress.
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Estado español – Conciliación – Legislación y género – Violencia de género – Feminismo – Derechos humanos. 17 may. 18. AmecoPress.




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