Viernes, 25 de mayo de 2018.

Entrevistas
Elena Blasco Martín: Secretaria Confederal de Mujeres e Igualdad de Comisiones Obreras

“La crisis, a nivel de ganancia empresarial ha sido superada, pero la percepción de quienes estamos en la calle no es esa, y mucho menos la de las mujeres”

Economía, Movimiento feminista, Políticas de Igualdad, Empleo y género, Conciliación, Brecha salarial, Trabajo doméstico, Madrid, Jueves 10 de mayo de 2018, por Betsaida Paz Majluf


Madrid, 10 may. 18. AmecoPress.- Elena Blasco Martin está al frente de la secretaría confederal de Mujeres e Igualdad de CCOO. En esta entrevista nos habla sobre los mercados laborales para las mujeres del país en el contexto de las coyunturas actuales: la incidencia del movimiento feminista y la dilatada recesión económica.

Blasco es integrante del sindicato desde hace años y cuenta con análisis detallados y panorámicos de las situaciones de los diferentes colectivos de personas trabajadoras, pero en esta oportunidad le preguntamos respecto de la brecha salarial y el impacto de las premisas feministas en los campos laborales.

En varios informes ustedes hablan de que la mitad de las mujeres en paro carece de cobertura, ¿por qué ocurre esto?

Esto es parte de un fenómeno que nosotros llamamos “la feminización de la pobreza”, provocada por una multitud de causas, como el hecho de que tengamos un peor acceso al empleo, que este sea mucho más tardío, que tengamos una mayor y más larga preparación académico laboral para poder tener más posibilidades, pero como la integración es relativamente tardía, luego tenemos muchos menos años cotizados; además, cuando llegamos al empleo tenemos peores condiciones de trabajo: parcialidad e inestabilidad; y en lo que podríamos llamar los “sectores feminizados” tenemos peor salario. Todo esto se junta para que tengamos peores retribuciones salariales, prestaciones por desempleo y pensiones.

¿CCOO se ha planteado que hablar de trabajadoras del sector de los cuidados implica hablar de mujeres migrantes? Y si es así, ¿cómo enfocan esta doble problemática?

Sí. Por ejemplo, sabemos de los casos de trabajadoras migrantes del sector de cuidados que, para acceder a un contrato y así poder regularizar sus residencias, aceptan tener contratos donde figuren menos horas de las que en realidad hacen, pasando a formar parte (estas horas no contabilizadas), de una economía sumergida. En lo que estamos trabajando actualmente desde el CCOO es en la dignificación, la valoración y la equiparación laboral del trabajo doméstico, exigiendo al Estado que saque de la economía sumergida a los trabajos de este sector.

Y reconocer estos trabajos pasaría por incrementar los sueldos mínimos, ¿cierto?

Por supuesto, es necesario. Nosotras con la firma que hicimos del Salario Mínimo Interprofesional (SMI), teníamos claro que no sólo era fundamental para salir de la crisis sino también que era una medida de gran impacto sobre todo para las mujeres, que somos las que percibimos los salarios más bajos. Lo que buscamos con el incremento del SMI es también una distribución más equitativa de la riqueza que se genera: la crisis, a nivel de ganancia empresariales ha sido superada, pero la percepción de quienes estamos en la calle no es esa, y mucho menos la de las mujeres. Aun queda por hacer, y no cesamos en nuestro empeño a pesar de las dificultades que nos ponen.

Leí que a raíz de la crisis la brecha salarial de género creció.

Sí. Y esto vinculado fundamentalmente a la tipología de contratación: los contratos indefinidos cayeron, se crearon más contratos parciales y temporales; y ambas tipologías de contrato equivalen a una reducción de los salarios, lo cual, sumado a la discriminación de género, ha hecho que se acentúe aún más la brecha.

En tus declaraciones insistes en la complejidad del fenómeno de la brecha salarial, en que no puede afrontarse desde un solo vértice o medida, ¿a qué te refieres? ¿Podrías explicarlo?

Lo que sucede con la brecha salarial de género es que no tiene ni un único origen, ni conlleva una única consecuencia. Desde la propia educación, con esta cultura patriarcal que lo inunda todo, se promueve que tengamos inclinación por ciertas carreras, por lo cual tenemos carreras muy feminizadas o carreras muy masculinizadas, y muchas veces las carreras feminizadas son las que pagan menos.

Por otro lado, la mentalidad androcéntrica hace que se infravaloren capacidades, cualidades y talentos femeninos; luego, cuando vamos a acceder a un empleo, el empleador, en la mayoría de los casos, tiene muy claro si eres un hombre o una mujer y si tienes hijos o hijas, para “proyectar” hasta cuanto tiempo podrás ejercer tu actividad etc.; para el caso de los hombres, ser padres sería una característica que le sumaría y para el caso de las mujeres, una que le restaría; y esta misma lógica se aplica al momento de decidir los ascensos o de dar más responsabilidades.

¿Qué relación guarda la cantidad de trabajos parciales de las mujeres y la asignación de los cuidados familiares?

Tres de cada cuatro empleos parciales son firmados por mujeres. Un alto porcentaje de este fenómeno se debe a la falta de otros tipos de contratación y otro gran porcentaje, a la necesidad de cuidar de personas dependientes; un tercer porcentaje, se debería a la dedicación de otras labores del hogar.

Entonces, estaríamos hablando de que la escasa conciliación entre el trabajo y la vida familiar es parte del techo de cristal de las mujeres, ¿verdad?

Totalmente. Y no solamente por el ámbito familiar, donde hay un desproporcionado reparto de los cuidados, sino también que a nivel público, hay ausencia de políticas que contribuyan a la conciliación de vida personal, laboral y familiar.

¿CCOO apoya los permisos iguales, remunerados e intransferibles?

Sí, y creemos que hay que desarrollarlos más. Hasta que no seamos capaces de darnos cuenta de que la paridad en la reproducción y en los cuidados es fundamental para crear igualdad real de oportunidades entre hombres y mujeres, esto no se va a conseguir; y un elemento clave es el salario, porque es el que determina el camino que seguirá la economía familiar, es decir: que si es la mujer la que gana menos será más “conveniente” que sea ella quien deje de trabajar por cuidar.

“La brecha salarial se genera por elementos tanto a priori, al empleo, como a posteriori, y por lo tanto tendría que existir un complemento marco legal a esa ley que más que sancionarla, la prevenga”

¿Y qué opinas de las medidas que prohíben la brecha salarial por ley, como en Islandia?

Que está muy bien que haya una ley específica que la prohíba, pero esto ya lo tenemos en España, (la ley ya penaliza la discriminación laboral por razón de sexo), ese no es el problema. Por eso te decía: la brecha salarial se genera por elementos tanto a priori, al empleo, como a posteriori, y por lo tanto tendría que existir un marco legal a esa ley que más que “sancionarla”, “la prevenga”. Hay que fijarse más en los múltiples factores que la generan, en vez de enfocarnos exclusivamente en penalizarla.

Por ejemplo, hace poco ganamos un juicio con un hotel, respecto al trabajo de las camareras de piso. Los camareros de sala, que tenían la misma categoría profesional que las camareras de piso, tenían un complemento salarial que las camareras no tenían, y que no figuraba en el convenio, sino que el empresario directamente había decidido que sólo los camareros de sala tuviesen un porcentaje de 200, 300, 400 euros…¿por qué?... Eso es brecha, y lo que hay que hacer es identificar ese tipo de desigualdades.

Es decir, que más que una ley que prohíba la brecha salarial lo que se necesita es una política con una serie de medidas específicas.

Claro, es decir, un plan mucho más ambicioso y detallado, que actué en las varias esferas –que te comentaba-, en aquellos elementos a priori a la relación laboral, y en aquellos elementos que aparecen a posteriori a ella: en el desarrollo de la promoción de las mujeres, en qué existan caminos de conciliación (que no se nos penalice), en las políticas de atribución de los complementos y pluses salariales, etc.

Se podría decir que sin sindicatos fuertes no se podrán viabilizar estas negociaciones hacia la igualdad laboral de género.

Sí. Y eso es un poco lo que se ha producido recientemente aquí: pareciera que las organizaciones sindicales somos las culpables de la crisis, y nada más lejos de la realidad. Las organizaciones sindicales, y bueno, en concreto, a la que yo pertenezco, es una organización sindical, social y laboral; ¿qué quiere decir esto?, que buscamos la conquista y la defensa de los derechos colectivos de trabajadoras y trabajadores; y si consiguen cargarse nuestros mecanismos de defensa, evidentemente nadie va a defender esos derechos. Lo que ha sucedido con la crisis, es que el partido del PP ha intentado deslegitimizar nuestra capacidad transformadora. Lo que hace es impedir que pueda haber diálogo social, a tal punto que la correlación de fuerzas que hay en las mesas de concertación es muy desproporcional; algo que han conseguido con la reforma laboral.

Con esta reforma, si en la mesa de concertación las partes no llegamos a un acuerdo en primera instancia, el empresario puede, por decisión unilateral, descolgarse de los convenios sectoriales, reduciéndose así los derechos de la clase trabajadora.

¿Cómo combaten las mujeres del CCOO el machismo dentro del propio sindicato?

El último 8 de marzo ha ayudado a reconocer algunos machismos del día a día; hay más capacidad de denunciar, de recriminar ciertos actos o ciertas expresiones. Lo cual me parece un gran avance.

Yo creo que el sindicato no es ajeno a ese machismo, pero también es cierto que desde sus orígenes, en los Estatutos se establecía la defensa de la igualdad entre mujeres y hombres; y las integrantes hacemos continuamente una gran labor de sensibilización, formación e información, por lo que ahora nuestros compañeros son los primeros en acompañarnos en esta lucha.

La organización se declaró feminista, además acabamos de publicar un documento “Igualdad, camino sin retorno”. Yo creo que estamos acabando con esa cultura en el sindicato. Tenemos tiempo para eso y muchísimo ánimo y fuerzas (risas).

“El hecho de ponerte un lacito violeta en la solapa, no creo que sea hacer política, sino que lo que verdaderamente habría que hacer es poner el Pacto de Estado contra la violencia de género, de una vez por todas, en funcionamiento con presupuestos realistas”

¿Qué opinas del Pacto de Estado contra la violencia de género? Especialmente con respecto a las medidas laborales.

Nos parece un avance, pero insuficiente para el gran problema que tenemos con el tema de la violencia en nuestra sociedad. El Gobierno debería posicionarse con más compromiso frente a esto, porque el hecho de ponerte un lacito violeta en la solapa, no creo que sea hacer política, sino que lo que verdaderamente habría que hacer es poner ese pacto, de una vez por todas, en funcionamiento con presupuestos realistas. Y en el ámbito laboral, que no se preocupen, que si nos dan capacidades: nos encargamos desde CCOO (risas).

¿Qué opinas de la propuesta de “despolitizar la educación”?

Considero que si queremos una igualdad, es necesaria una educación laica, inclusiva, igualitaria y respetuosa. Es necesario que la educación tenga contenidos y que los educadores tengan formación y eduquen en conciliación, responsabilidad social e igualdad de oportunidades. Las escuelas para mujeres o para hombres y la educación religiosa en general, generan cierta segregación y ciertas mentalidades retrógradas respecto a la división sexual de la educación y posteriormente del trabajo.

España se encuentra por un lado con el deseo o reto de hacer crecer su tasa de natalidad y por otro lado, su PBI. ¿Consideras que se pueden abordar ambos objetivos, o que son contradictorios y que se debería priorizar uno?

No tendrían por qué ser contradictorios. Como te decía, si somos de capaces de sacar a flote la economía sumergida o el trabajo sumergido (sin contratación), podemos aumentar ese PBI. A mí me molesta mucho que muchas veces nos digan “los sindicatos no hacéis políticas de natalidad que serían interesantes para aumentar la riqueza del país…”, pero lo que no se piensa es que, si bien el ser madre o padre es una decisión personal, esa decisión también está condicionada a los recursos o a las oportunidades laborales, y que para el caso de las mujeres madres se reducen. Si la riqueza que se produce se distribuyera más equitativamente podríamos tener mayores tasas de natalidad. Creo que tenemos que ver las cosas de una manera más integral o no seremos capaces de encontrar soluciones.

Recientemente se habla de la demanda de los sectores de ciencias, tecnologías, ingenierías y matemáticas (STEM) y de la inclusión de las mujeres en ellos, así como del potencial de crecimiento del PBI si es que se le diera impulso a los STEM. Pero esta perspectiva de crecimiento del PBI se construye sobre el supuesto de mantener el mismo ritmo de producción actual, no sobre un panorama donde los derechos laborales estén ampliados y pensados en función de ciertas necesidades de las dinámicas familiares. ¿Qué opinas al respecto?

Sí, esto tiene que ver con lo que hablábamos al principio: lo que tiene que cambiar, por un lado, es la cultura social de la división sexual del trabajo, y por otro lado, la cultura empresarial respecto a los conceptos de “largas jornadas”, “presentismo”, (aunque no produzcas), “plena disponibilidad”, incluso el concepto de “antigüedad”; que se tiende a pensar que producen más y asociado a “características y cualidades masculinas”. Las mujeres somos plenamente capaces de realizar muy bien estos trabajos pero debe cambiar esta concepción empresarial de las largas jornadas de producción.

Fotos: Archivo AmecoPress, cedidas por el CCOO. Logo: Archivo AmecoPress.
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Economía – Sociedad – Voces de mujeres - 8 de marzo – Situación social de las mujeres – Legislación y género – Políticas de igualdad – Paridad – Brecha salarial – Trabajo doméstico. 10 may. 18. AmecoPress.




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