Entrevista a Rafaela Pimentel, de Territorio Doméstico

“Hablamos de personas y sus cuidados y eso nos afecta a todas”

29 de septiembre de 2016.

Por Gloria López

Madrid | Economía | Mujeres inmigrantes | Empleo y género | Trabajo doméstico | Dependencia | Movimiento feminista | Encuentros y Jornadas



Madrid acoge los días 1 y 2 de octubre el I Congreso sobre Empleo de Hogar y Cuidados


Madrid, 27 sep. 16. AmecoPress. El próximo fin de semana se celebra el primer Congreso sobre Empleo de Hogar y Cuidados, con el lema ‘Visibilizar para transformar’. Será en Madrid, en la Casa del Reloj del distrito de Arganzuela. El evento está apoyado por el Ayuntamiento de Madrid, a través del Área de Igualdad entre Mujeres y Hombres, en colaboración con Grupo Turín.

“Queremos visibilizar nuestra realidad, que es mucho más amplia que nuestro trabajo, y transmitir que no es simplemente una historia de las trabajadoras del hogar, sino que hablamos de personas y de sus cuidados y eso nos afecta a todas y todos”, explica Rafaela Pimentel (Baní, República Dominicana), integrante de Territorio Doméstico, una asociación que promueve el empoderamiento de las mujeres bajo el lema “sin nosotras no se mueve el mundo”.

Además de visibilizar la realidad económica y social de empleo de hogar y de los cuidados en todas sus dimensiones, el congreso tiene como objetivos conocer, debatir y proponer fórmulas viables de igualdad de derechos y en concreto de acceso a la prestación por desempleo. Para ello, en el programa está previsto mostrar prácticas y modelos de organización de las trabajadoras, mejora del sector y promoción de los derechos humanos de las empleadas de hogar. También se tratará de diseñar colectivamente líneas para un futuro plan estratégico común.

El Grupo Turín es una Plataforma creada en el año 2012, compuesta por entidades y personas que desde diferentes ámbitos y perspectivas vienen trabajando por la dignificación del sector del empleo del hogar y los cuidados, que nace con el objetivo de conseguir que el estado español ratifique el convenio 189 de la OIT, y en todos estos años de vida ha desarrollado acciones información, sensibilización e incidencia política.

El Congreso empezó a fraguarse en el verano del 2015. A partir de ahí se ha ido trabajando en la propuesta y en la construcción del programa. “Un proceso colectivo y participativo que ha sido muy rico e intenso con debates que nos fortalecido y que nos evidencian la necesidad de trabajar en conjunto”.

Lo cierto es que el empleo de hogar o el trabajo doméstico y los cuidados “sigue siendo una de las formas de empleo más invisibilizada, precaria, insegura y desprotegida, y peor remuneradas”. Entre los factores que contribuyen a esta situación está la vulnerabilidad jurídica y social en la que desarrollan su trabajo estas personas. “Por ello, este Congreso pretende visibilizarlo y ponerlo en la agenda política y social”, comparte la portavoz de Territorio Doméstico, en entrevista con AmecoPress.

Rafaela narra las injusticias que enfrentan “mujeres de aquí y allá” mientras se ríe del absurdo punto de vista que desprecia el valor de cuidar a otros y de realizar estas tareas cotidianas que sostienen el mundo. Es el mismo enfoque que se niega considerar su trabajo y el de millones de mujeres en el planeta como parte fundamental de la economía. Un enfoque que Rafaela cuestiona con valentía mientras construye redes con otras personas, pues sabe que la fuerza de la diversidad y la acción conjunta es la que ayudará a transformar la situación que hoy vivimos.

Rafaela es una privilegiada. Lleva más de 20 años trabajando para una familia de Pozuelo de Alarcón que, desde el principio, la ha tratado como corresponde. Pero como ella misma señala “es una excepción”. Conoce muchos casos de compañeras que son explotadas por empleadores que se aprovechan de su vulnerabilidad: no gozan de días libres, sufren condiciones precarias, les pagan poquísimo por hora trabajada, las desprecian.

Régimen laboral semiespecial

“Seguimos estando en un régimen de seguridad especial, aunque con algunas mejoras, que se aprobaron en el 2011, pero que quedaron en manos de las trabajadoras. Con la crisis, además, se ha producido un retroceso. En nuestro caso pedimos y seguimos reivindicando la injusticia de pertenecer a un régimen especial y no al del resto de trabajadores. Nuestra pertenencia a esta modalidad es altamente discriminatoria y ha sido señalado incluso por la Comunidad Europea. Este régimen no contempla muchos derechos y restringe otros: baja laboral a partir de los 29 días, no se contemplan las vacaciones remuneradas, ni tiempo de asuntos propios que te permitan ir al médico, las pagas, etc. Ni siquiera existe contrato escrito en muchos casos. Estas diferencias generan situaciones muy duras: trabajadoras internas que dedican cerca de 16 horas al día y reciben menos de 600 euros mensuales y el hecho de que todavía son las mujeres quienes en muchos casos pagan la Seguridad Social”.

Desde el punto de vista legal la principal reclamación que vienen defendiendo desde el Grupo Turín es la aprobación del Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) De hecho, tanto el Parlamento Europeo como el Consejo de Europa se ha pronunciado a favor de que los Estados lo ratifiquen, pero hasta ahora sólo seis de los veintiocho europeos lo han hecho. “Tal y como exige el Convenio, no debería haber trabajadores de primera y de segunda”, sostiene Rafaela. “No obstante, el Gobierno español se ha mostrado reacio a ratificarlo, pese al perjuicio que supone para estas empleadas”

Ley de Dependencia

“Los gobernantes tendrían que implicarse más, sobre todo con la ley de dependencia”, cree la trabajadora, que consciente del esfuerzo de muchas familias para afrontar los gastos, insiste en la necesidad de afrontar que hablamos de una situación que afecta a toda la sociedad. “Ni se puede dejar abandonadas a las familias, ni nosotras podemos trabajar por caridad, necesitamos un salario justo para poder vivir”.

Otro componente fundamental para analizar la situación de las empleadas del hogar en nuestro país, es el hecho de que muchas son inmigrantes y un porcentaje de estas no tienen papeles. Es decir, son más vulnerables. “A veces tienen miedo a perder el trabajo, o a denunciar incluso abusos sexuales, pues creen que no van a ser tomadas en cuenta, o que serán deportadas”.

Abusos

“En todo caso, yo no los trataría como casos aislados y con que solo una compañera esté en esa situación, tiene que haber una reclamación”, aclara la portavoz de Territorio Doméstico, aunque sabe que son muchas las que sufren este tipo de abusos, algunas de las cuales llegan hasta su asociación. “Hay muchísimas cosas que nosotras no sabemos, porque la limpieza doméstica es un sector que está dentro del ámbito privado, lo que permite a los empleadores hacer barbaridades con total impunidad”. “Asistimos a una compañera durante dos años, pero no hubo manera de que denunciase. Aterrorizada, por las noches trancaba la puerta con una silla para evitar que entrase el acosador, que no cesaba de aporrearla”.

Territorio Doméstico colaboró con la Asociación Aspacia para hacer el informe ‘Violadas y Expulsadas’, cuyas conclusiones son contundentes: no hay una política pública estatal para hacer frente a estas agresiones; su situación administrativa irregular fuerza a muchas mujeres a no frenar los abusos; la desprotección favorece que los agresores las elijan como víctimas para cometer el delito con impunidad; y la discriminación llega al punto de que, si un condenado se declarase insolvente, el Estado le negaría a la afectada una indemnización por los daños sufridos.

Pero también hay otra parte importante en esta “cadena global de los cuidados”. Las mujeres inmigrantes que trabajan en los hogares españoles sostienen a sus familias en los países de origen. Necesitan el dinero si quieren que sus madres puedan recibir el tratamiento médico que precisa una diabetes, por ejemplo, o si apoyan a sus hijos e hijas para que estudien en la universidad. “Por ello, muchas veces, son capaces de sufrir este hostigamiento, a lo que se suman las precarias condiciones laborales que padecen, recrudecidas si están en régimen de internas”, explica Rafaela.

Y es que la crueldad de los empleadores a veces parece infinita. “Aprovechan la situación de precariedad y te bajan el horario y no llegas a 60 horas (tras la aprobación del Real Decreto de diciembre de 2012, si trabajan más de 60 horas tienen que ser contratadas por el empleador) con lo cual seguimos pagando nosotras la seguridad social. A las internas les están pagando 450 y 500 euros. Les dan comida caducada. Y las que trabajan por horas, tampoco andan mejor, en algunos casos trabajan por 4 euros a la hora, las echan a la calle cuando quieren y sin avisar, les obligan a hacer todo tipo de tareas…”

Lucha conjunta

Territorio Doméstico es un ámbito diverso. “En nuestro grupo participamos en la lucha personas que cuentan con papeles y las que no los tienen y todas juntas luchamos para que nos vaya bien a todas. Se trata de una lucha conjunta y, por eso, cuando una consigue tener los papeles, o cuando gana un juicio al empleador, lo celebramos todas y recordamos los momentos en los que llegamos aquí solas y nos enfrentamos a una situación muy difícil. Todas trabajamos para crear un espacio en el que, tanto las personas migrantes como las autóctonas, de distintas edades, no estemos solas y tengamos fuerzas para luchar juntas por nuestros derechos y acompañarnos entre nosotras”.

Y son referente. Han promovido siete juicios y los han ganado. Las mujeres van creyendo en ellas mismas, recuperando la autoestima y enfrentándose al maltrato. Saben que los avances -contar con un contrato, la baja a partir del tercer día- se han conseguido gracias a la lucha de las mujeres.

Economía feminista

En esa lucha es fundamental aplicar una perspectiva feminista que permita denunciar las discriminaciones, establecer redes de mujeres y poner en valor las “cadenas globales de cuidados”. Para Rafaela, enamorada de la economía feminista, esto es fundamental: “hay que poner como valor los cuidados. Somos fundamentalmente las mujeres quienes nos ocupamos de ellos y por eso no los consideran, ni los toman en cuenta en las grandes variables económicas, pero sostenemos el mundo. Muchos países se mueven por las remesas que enviamos mujeres desde aquí. Y a la vez, nuestro trabajo aquí permite que muchas mujeres y hombres puedan trabajar fuera de casa y alimentar esa economía de la que tanto se presume”.
En esa cadena participan madres, vecinas, tías, abuelas, hijas, a las que a veces se remunera y a veces no. Además de enviar dinero desde España, las mujeres inmigrantes siguen cuidando a sus familias a través del teléfono, de internet, de las redes sociales, etc. Gran parte de las mujeres que llegan a Europa dejaron hijos e hijas a cargo de otras mujeres porque los hombres se han mantenido siempre al margen de todas las tareas de cuidados, incluyendo la educación de los niños y niñas. Eso sí, cuando se dan situaciones complicadas, como fracaso escolar o embarazos no deseados, siempre se criminaliza y culpabiliza a las mujeres.

“Se manda dinero, nos “matamos” a trabajar, y luego nos dicen que todos los problemas suceden porque nos hemos ido “abandonado a nuestros hijos”. Con los hombres, sin embargo, es al contrario: normalmente al emigrar muchos no asumen su papel en los cuidados y no se encargan de sus familias, con frecuencia vuelven casados con otras mujeres, y encima se les felicita. Estas diferencias, estrechamente ligadas con los roles de género que responsabilizan de los cuidados sólo a la mujer, requiere que se trabaje mucho en ello para lograr cambiarlo. Es cierto que se han producido pequeños avances, pero no es lo general. Los hombres y el Estado siempre han estado apartados de todo esto y su postura ha sido de irresponsabilidad con raras excepciones. No han asumido esta clase de tareas como suyas a pesar de que deberían ser colectivas y socializarse”.

Programa

Las inscripciones al Congreso del próximo fin de semana han superado las expectativas: más de 100 personas quedaron fuera. Además, tienen previsto realizar dos actividades previas al fin de semana. El jueves, una tertulia en el espacio La Eskalera Karakola, en la que estará Juana Flores, co-directora de MUA (Mujeres Unidas Activas), incluida en el programa del Congreso. Y el viernes, tendrá lugar la presentación del documental Bocona, sobre el empoderamiento de las mujeres bolivianas; será en el Casino de la Reina, a las 19 horas.

El programa del Congreso puede consultarse aquí.

Foto: AmecoPress;
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Economía – Empleo y género – Trabajo doméstico – Dependencia – Movimiento feminista – Encuentros y jornadas; 29 septiembre. 16. AmecoPress