Colombia: Por primera vez un proceso de paz cuenta con las mujeres

13 de septiembre de 2016.

Por Ángela Castellanos Aranguren

Bogotá, Colombia | Internacional | Política | Política y género | Liderazgo | Violencia en conflicto armado | Violencia sexual





Bogotá, 13 sep. 16. AmecoPress/SEMlac.- El Acuerdo Final de paz entre el gobierno de Colombia y la guerrilla FARC-EP es el primero para la finalización de un conflicto armado en el mundo que escucha a las mujeres de todos los sectores y las víctimas, estudia sus propuestas e inserta el enfoque de género en el texto negociado.

En el año 2000, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó la Resolución 1325, por medio de la cual se llama a la participación de las mujeres en la resolución de conflictos armados.

"La aplicación de la Resolución 1325 en los acuerdos de paz de otros países ha sido débil, hay algunas menciones en los de Sri Lanka y de Sudán del Sur, pero una inclusión del enfoque de género en unos acuerdos de paz, como lo hizo Colombia, es la primera vez en el mundo", afirmó a SEMlac Rosa Emilia Salamanca, coordinadora del Colectivo de Pensamiento y Acción, Paz y Seguridad, una agrupación de mujeres de diversos sectores de Colombia, como militares, religiosas, periodistas y excombatientes.

Con el acompañamiento del Sistema de Naciones Unidas en Colombia, en 2013 mujeres organizadas acordaron una estrategia común para incidir en la Mesa de Conversaciones de La Habana mediante la Cumbre Nacional de Mujeres y Paz, que reúne a nueve plataformas de colombianas, de las que hace parte el Colectivo de Pensamiento y Acción, Paz y Seguridad.

El lema de la Cumbre fue "Queremos pactar y no ser pactadas". Tras mucho lobby, lograron que se creara la subcomisión de género que estudió cada punto pactado en el Acuerdo Final de paz.

"Las mujeres valoramos el trabajo de incidencia que hicimos y hoy contamos con un Acuerdo Final, que si bien no recoge la totalidad de las propuestas que presentamos a las partes, sus puntos incluyen a las mujeres y a las personas de diferente orientación sexual, es decir, un enfoque de género", aseguró Salamanca.

"Doy una buena valoración al Acuerdo, es un buen punto de partida para la construcción de un país en paz", afirmó Adriana Benjumea, directora de la Corporación Humanas, capítulo Colombia, organización que integra la alianza que presentó un documento a los negociadores de las FARC y del Gobierno, con cinco claves para que le dieran "tratamiento diferencial a la violencia sexual en contextos de justicia transicional".

"La mesa de negociación también recogió nuestra solicitud de crear una subcomisión de género, siendo la única vez que un proceso de paz en el mundo la constituye", aseguró Benjumea.

La subcomisión, creada para insertar el enfoque de género al Acuerdo, empezó a sesionar en 2014 y estuvo integrada por 10 personas, cinco por cada una de las partes, bajo el liderazgo de María Paulina Riveros por el gobierno y Victoria Sandino por la guerrilla. De parte del gobierno también participó en la subcomisión Juanita Millán, teniente de navío de la Armada de Colombia, mientras en las negociaciones estuvo la canciller María Ángela Holguín.

En la subcomisión de género se recibieron propuestas de 18 organizaciones de mujeres y de grupos LGTBI, se escucharon recomendaciones de expertas en violencia sexual de Colombia e internacionales, y las sugerencias de 10 exguerrilleras colombianas y de otros países, además de la asesoría permanente de tres expertas de Colombia, Cuba y Noruega, así como de la Organización de Naciones Unidas.

También la subcomisión escuchó los aportes de las víctimas que visitaron la Mesa de Conversaciones de La Habana, 60 por ciento de las cuales fueron mujeres.

Luz Marina Bernal, cuyo hijo fue desaparecido por el Ejército y encontrado muerto en enero de 2008, afirmó: "sí, yo creo en la paz, ya que llevamos más de 50 años en un conflicto y ahora es el momento de tener esa anhelada paz. Y yo digo sí al Acuerdo de paz".

En tanto, el profesor Gustavo Moncayo, cuyo hijo soldado del ejército nacional fue secuestrado durante 12 años por las FARC-EP, aseveró que "no entiende que si las víctimas perdonaron, por qué los que no han sufrido como las víctimas no perdonan", y acerca del plebiscito declaró que "es una obligación moral decir ´sí´ a la paz".

Perpetradores de violencia sexual: sin indulto ni amnistía

"Se incluyeron en el Acuerdo Final temas clave que propusimos, como que la violencia sexual sea considerada uno de los más graves crímenes; esto, además de tener repercusiones penales, es un mensaje a la sociedad toda.

"También quedó incluido que los delitos de violencia sexual no reciben indulto ni amnistía, en ninguna circunstancia. Y que al interior de la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad se creará una subcomisión para investigar los crímenes de violencia sexual", puntualizó Benjumea, directora de la ONG dedicada a la justicia de género.

De acuerdo con la entidad gubernamental Unidad para las Víctimas, cerca de 16.000 mujeres y niñas fueron víctimas de violencia sexual por alguno de los actores armados del conflicto. Por ello, lo acordado sobre este tipo de delitos en el Acuerdo Final para la paz es aplicable tanto a la Fuerza Pública -ejército y policía-, como a los integrantes de las FARC-EP.

Desde el enfoque de género, destaca en el texto del Acuerdo Final un lenguaje no sexista e incluyente, así como medidas concretas, tales como las de "estimular la formalización, restitución y distribución equitativa de la tierra, garantizando el acceso progresivo a la propiedad rural de quienes habitan el campo y en particular a las mujeres rurales y la población más vulnerable, regularizando y democratizando la propiedad y promoviendo la desconcentración de la tierra, en cumplimiento de su función social".

Igualmente incluye de forma explícita el enfoque de género como uno de los principios de los puntos uno, dos, cuatro y cinco del Acuerdo Final: "Hacia un nuevo campo colombiano: reforma rural integral"; "Participación política, apertura democrática para construir la paz"; "Solución al problema de las drogas ilícitas"; y "Víctimas: sistema integral de verdad, justicia, reparación y no repetición".

¿Más mujeres en la política?

Del punto dos, dedicado a la participación política y bajo el reconocimiento de que las mujeres enfrentan más barreras en este terreno, propone fortalecer las organizaciones de mujeres y potenciar su protagonismo en los partidos políticos y las organizaciones sociales.

También compromete al gobierno nacional a crear un "programa para la promoción de la participación y liderazgo de la mujer en la política".

Igualmente se refiere a incluir medidas para garantizar la representación equilibrada de hombres y mujeres en la conformación de todas las instancias a que se refiere el Acuerdo, así como al interior de los movimientos sociales y partidos políticos.

Sin embargo, para Benjumea, "en este tema, el Acuerdo Final no va más allá de llamar a la equidad de género; lograrla en el ámbito político seguirá siendo una pelea del movimiento de mujeres".

Para Rosa Emilia Salamanca, del Colectivo de Pensamiento y Acción, Paz y Seguridad, el análisis de género también incidió en las mujeres de las FARC-EP presentes en La Habana, quienes probablemente lo harán valer con sus copartidarios varones cuando empiece a andar el partido político que reemplace a la guerrilla, de ser aprobado el Acuerdo Final en el plebiscito del 2 de octubre próximo.

Sin embargo, Salamanca es clara al afirmar que "nadie piensa que los Acuerdos van a lograr la igualdad ni equidad en las relaciones de género, pero sí es una ventana de oportunidad para que pueda haber un avance en estas relaciones. Y de nosotras depende aprovechar esta oportunidad".

El movimiento de mujeres, representado por redes y ONGs, votarán "sí" en el plebiscito para la refrendación del Acuerdo Final, e incluso algunas organizaciones, como la Ruta Pacífica de las Mujeres, se inscribieron ante el Consejo Electoral para ser promotoras del "sí" y, de esta manera, promover la aprobación del Acuerdo con todas las garantías de ley.

Salamanca explica que esta es una oportunidad para que las mujeres pasen de ser las que restablecen las relaciones para asegurar un entorno estable para sus comunidades, a ser actoras políticas.

"Las mujeres hemos jugado un papel permanente de construir y reconstruir los tejidos sociales que se rompieron en las regiones durante el conflicto. No pueden ser solo las manos de la paz, sino también la cabeza de la paz. Ser las manos es, por ejemplo, que a las mujeres les digan que deben cuidar a los heridos del conflicto, y ser cabeza es que se las convoquen para decidir cómo se va a manejar la atención de salud de estos heridos".

Por ello, para la II Cumbre Nacional de Mujeres y Paz -del 19 al 21 de septiembre-, más de 500 mujeres representantes de grupos de todo el país escogieron el lema "Queremos participar y actuar".

Fotos: Archivo AmecoPress.

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Internacional – Política – Política y género – Violencia en conflicto armado. 13 sep. 16. AmecoPress.